Estos días estoy de vacaciones, debido al Año Nuevo Chino, así que hasta el 14 de febrero mis posts van a ser menos frecuentes. Espero que sigáis siendo fieles, pese a los servicios mínimos que hasta entonces va a haber. Haré lo que pueda, pero siempre que encuentre cibercafés en condiciones, como éste en el que me encuentro.
Estoy de viaje por Filipinas, país cuyo lenguaje oficial, el tagalog, usa eñes y acentos igual que en español. Pensé que por ello no tendría problemas para encontrar un teclado de ordenador adecuado, pero no ha sido así. En fin, haremos lo que se pueda.
Esta es la ciudad que he dejado, Pekín...
...y ésta es a la que he llegado, Manila.
Como mi blog no se llama FilipinoFilopano, pese a estar aquí intentaré seguir contando cosas de allí, de la fría China que he dejado. Para relacionar de alguna forma, quiero recordar que hay una canción en la que aparecen ambas culturas, china y filipina, cantada por el viejo dúo Enrique & Ana:
Si te abulen los debeles, si te abulen los vecinos, no te abulas no seas tonto juega el super disco chino.
Disco, disco, chino, chino, fino, filipino. Disco, disco, disco, disco, chino, chino, chino, chino, fino, fino, fino, filipino.
Manila y Pekín comparten una cosa: su tráfico es terrible. Pero por distintas razones. En Pekín, es horrible porque lleva cuatro años atascado: yo creo que alguno de los que salió al trabajo en 2001 todavía no ha llegado. En Manila, es malo debido a que el transporte público, un bonito jeep pintado de formas multicolores llamado jeepney, hace muchisimo ruido y produce un humo terrible, con lo que caminar por la acera es un desafío a los sistemas auditivo y respiratorio.
Pero bueno, ¡Manila es Manila! Esto es parte de nuestra historia (la española, quiero decir). Seguro que algún antepasado vuestro estuvo aquí haciendo la mili.
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