Por lo que me dice Luisé en un comentario del anterior post, todavía hay cierta leyenda negra sobre los chinos que viven en España. La leyenda gira en torno a un hecho real: pese a que hay decenas de miles de ellos en tierras españolas, apenas hay defunciones registradas de estos inmigrantes (quitando los que mueren en accidentes varios).
Los españoles, siempre tan jocosos, hemos creado varias teorías que lo explican, y las solemos comentar en reuniones con amigos:
1- Cuando un chino con DNI español se muere, lo entierran o incineran secretamente, y el documento de identidad se lo dan a un chino recién llegado y sin papeles. Total, como todos los chinos parecen iguales a los ojos de los españoles, ningún policía va a notar que el de la foto no es el portador...
2- Algo similar a lo anterior, pero todavía más tétrico: el cuerpo del finado, para no desperdiciarlo, lo usan para hacer los rollitos de primavera del restaurante de la esquina.
3- Los chinos son inmortales (de hecho, se dice que los monjes taoístas chinos lograron desarrollar unas píldoras que daban la inmortalidad).
Estas leyendas (sobre todo la 1 y la 2) están tan extendidas que hace unos meses, un periódico español (no me acuerdo cuál, lo siento) mandó a un reportero a investigar el tema. Fue en una época en la que unos desaprensivos quemaron aquellos almacenes de zapatos chinos en Alicante, y se puso de moda hablar de la comunidad china en España.
La solución del enigma fue de lo más evidente: los chinos que emigran a España y otros países para trabajar son jóvenes y sanos, los que tienen energía para hacerlo, así que las probabilidades de que fallezcan son menores. Lógicamente, un abuelo de 118 años, aquejado de parkinson, dolencias cardiacas y pulmonares no se va a hacer el vuelo de 12 horas a España (48 si se va en Air Plus Comet) para trabajar en una tienda de Fotoprix.
¿Qué ocurre si el joven y lozano chino, a pesar de todo, enferma gravemente de algo? Lo más normal es que se vaya a su país a estar con los suyos, para que le cuiden, o, poniéndonos en el peor de los casos, le acompañen en los últimos momentos, y sus restos descansen en el suelo de su tierra.
Siempre queda el caso de que un chino se enamore de nuestro país, sus toros, su flamenco y su Celta de Vigo, y se quede para siempre. Pero los chinos empezaron a emigrar a España masivamente hace unos 20 años. Todavía no ha dado tiempo a que haya chinos ancianos que hayan pasado toda su vida en España, como sí los hay en América, el sureste de Asia y otros lugares con Chinatowns.
De todas formas, aún habrá muchos que, pese a haber pasado décadas en España, prefieran descansar para siempre en su tierra, y vayan allá tras retirarse. Sobre todo si no han tenido hijos en España, que es a fin de cuentas lo que más ata. Yo, que vivo en tierras extranjeras, sé por experiencia que uno es de donde es, y es imposible acostumbrarse del todo a otros lugares y renunciar a los orígenes.
Así que en resumidas cuentas, señores, comanse los rollitos de primavera sin miedo, que en ellos no se encuentra ninguna parte del abuelo chino de la baraja "Familias de 7 países". Que aproveche.
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