Un poco licencioso me ha quedado el título de hoy, porque no es verdad, pero casi casi. Todo viene porque el Papa hoy ha nombrado -ha creado, se dice en la jerga eclesiástica- a 15 cardenales. Una noticia que compite en aburrida con todas las de la opa de Endesa, pero a pesar de todo en ella me ha llamado mucho la atención que uno de los nuevos purpurados es un tal cardenal Zen. ¿Un cardenal que practica la meditación budista?
No, simplemente se llama Joseph Zen, es el obispo de Hong Kong y según los que saben, ha sido elegido para intentar acercar posturas entre el Vaticano y China.
El zen -que me corrijan si me equivoco, porque esto del budismo me resulta bastante complicado- es una escuela budista que predica la meditación como vía para llegar al Nirvana. Nació en China pero donde más éxito tiene es en Japón. Se dice que lo creó un monje llamado Bodhidarma, fundador del templo Shaolin. Es chocante que los monjes de Shaolin, dedicados a meditar sin moverse durante días seguidos, fueran los creadores de algo tan movidito como el kung-fu. Al parecer, los músculos de los monjes se quedaban anquilosados de tantos días sin moverse, así que para compensar idearon esta forma de lucha para hacer ejercicio y de paso hacer frente a ladrones de templos, ejércitos enemigos del emperador o amenazas similares.
Está claro que el cardenal Zen no es un monje zen, pero molaría si lo fuese de verdad e introdujera ideas revolucionarias en Roma. A fin de cuentas, los chinos nunca han tenido el más mínimo reparo en mezclar los elementos de varias religiones. Muchos templos chinos están dedicados a tres religiones: el budismo, el taoísmo y el confucianismo (aunque esto último es más bien una filosofía).
En mi reciente viaje a Manila me encontré una vez más con esta vertiente práctica de la religión china. En el barrio chino de esa ciudad, los chinos están convertidos al catolicismo y son tan fervientes como el resto de filipinos, pero han conservado ciertas costumbres de las religiones chinas. Una de ellas es la de colocar imágenes sagradas en los restaurantes para que les ayuden a tener suerte en el negocio, y ponerles ofrendas: dinero, fruta, dulces... Pero donde los chinos de China pondrían un Buda o animales de la suerte (un cerdo, un gato...), los chinos de Manila ponen un niño Jesús. He aquí una foto de muestra:
 El altar es igualito que uno de China, pero cambiando a Buda por Jesusito
A los que hayáis viajado por el mundo y hayáis visto templos budistas (los que estáis en Asia probablemente habréis visitado cientos) os reto a adivinar de donde es la foto del principio de este post.
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