Dentro de unas semanas, cuando empiece a hacer calor de verdad en Pekín, comenzarán a aparecer en mi casa las primeras cucarachas, que en China no son negras y gordas, como las españolas, sino pequeñas y rojas. La cultura china coincide con la occidental en considerar que son unos seres despreciables, pero la verdad es que a mí me han dado para mucho que hablar en los últimos años, así que les voy a hacer aquí un homenaje. Como la palabra cucaracha da un poco de repelús, las llamaré cucas.
Ante todo, hay que decir que las cucas en Pekín son democráticas: aparecen en las casas humildes, pero también en los grandes edificios de oficinas, en los "ghettos" para extranjeros, en las cantinas, en los restaurantes caros... hay por todas partes. Yo no atribuyo su abundancia a que Pekín sea un lugar poco higiénico -no es precisamente el más limpio del mundo, pero tampoco es como para morirse- sino a que los albañiles chinos tienen la manía de colocar en los suelos de baños y las cocinas unos desagües demasiado enormes, por los que entran y salen libremente los animalejos.
El primer sitio donde viví en Pekín fue el mítico Hotel de la Amistad, un pedazo de la historia pequinesa (otro día hablamos más de él). Cada primavera, los encargados del hotel nos avisaban de que iban a poner veneno en todas las habitaciones para exterminar a las cucas. Y recuerdo que uno de mis vecinos, también cada primavera, ponía un cartel en la puerta que decía: "¡No echéis veneno asqueroso en mi casa! ¡No intoxiquéis a mis hijos!". Yo creo que en realidad era un cucarachófilo y quería quedarse a todos los bichos en su casa.
Años después, me cambié a una casa de alquiler normal y corriente, y allí empezaron los verdaderos problemas con las cucas. Había tantas que hasta campaban en pleno día por mi cuarto de estar, mientras yo veía la tele o comía. Ante tal plaga, mi novia preguntó a la vecina si ella tenía también tantas en su casa y ella nos dijo que no tenía ninguna. "Eso os pasa porque los anteriores inquilinos eran de Henan", nos dijo. Henan es una provincia de China cuyos habitantes tienen mala fama en el resto del país.
El caso es que la vecina, una anciana de 70 años, se ofreció a exterminar ella sola a las cucas. Le autorizamos a ello y ella, ni corta ni perezosa, cogió una botella con difusor de spray y empezó a hacer flus flus por el suelo de todas las habitaciones. Luego nos recomendó que nos fuéramos a dar una vuelta durante todo el día, porque era un veneno muy potente y podía acabar con nosotros también. Al volver de la larga vuelta, varias decenas de cucas yacían inertes en los rincones. Lo que se dice una carnicería.
En China se venden trampas para cucas, similares a las ratoneras. Yo compré algunas durante la plaga comentada, pero no me hace mucha gracia usarlas. Son una caja de cartón negra, con varias aberturas con forma de puerta en los lados, y que por dentro tienen un fuerte adhesivo, así que la cuca que entra se queda pegada y no puede salir. Para atraer a los bichos, se pone en el centro de la caja una pastilla, vete tú a saber de qué pero seguramente algo que para las cucas es un preciado manjar, una ambrosía, algo por lo cual están dispuestas a dar su vida y sus antenas.
La peor experiencia con cucas la viví en Hong Kong, hace tres años. Era agosto, la mejor época para avistarlas. Me hospedaba en una de esas habitaciones de hostal tan pequeñas que hay en esa ciudad, de ésas en las que tienes que dormir con la ventana abierta para poder estirar las piernas. Bueno, lo que pasó es que en una habitación tan pequeña, las cucas se me metieron en el equipaje, pasearon por la cama... cómo serían que hasta me despertaron por el ruido que hacían comiéndose mi comida. Pasé una noche toledana.
En fin, esas son mis experiencias con las cucas rojas chinas. Espero no haber herido sensibilidades: ya sabéis que todos somos criaturas del señor, y que las cucas sobrevivirán al holocausto nuclear, así que hay que respetarlas.
PD: Si queréis rememorar al mítico personaje que aparece en la foto de hoy, aquí tenéis esta página costarricense que lo homenajea.
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