Hoy tengo la vena poeta. (Concretamente la aorta, que ahora mismo está recitando a Miguel Hernández).
Por ello, he decidido hacer una versión pequinesa del clásico de Joaquín Sabina "Pongamos que hablo de Madrid". Pero claro está, adaptado a Pekín, una ciudad que, al igual que Madrid, es "invivible pero insustituible", como dice el gran Sabina.
Esta canción además quiere ir al pelo de una reciente encuesta, en la que los pequineses han puesto a parir a su ciudad por incómoda y poco habitable.
He intentado mantener el número de sílabas, para que se pueda cantar y tocar con la guitarra. A veces cambia un poco, pero se hace una sinalefa o se alarga una sílaba y listo:
Allá donde se cruzan los jutones, donde el sol no se puede concebir, donde se quejan siempre los laowais, pongamos que hablo de Pekín.
Donde el deseo canta en karaokes poco sitio queda para mí, que me dejo la vida en sus atascos, pongamos que hablo de Pekín.
Las chinas ya quieren ser princesas, y a los chinos les da por perseguir el mar dentro de un vaso de Yanjing, pongamos que hablo de Pekín.
Los pájaros se hacen la acupuntura, las farolas se olvidan de dar luz, no hay ni una sola ambulancia, pongamos que hablo de Pekín.
El sol es una estufa de carbón, la vida un metro oliendo a pis, hay un hedor horrible en el lavabo, pongamos que hablo de Pekín.
Cuando la muerte venga a visitarme, llevadme al oeste, donde nací, aqui no se entierra, se incinera, pongamos que hablo de Pekín.
Creo que a los que hayáis residido en Pekín, os quedará muy claro el porqué de las variaciones a la letra original. De todos modos, si alguien necesita que le aclare algún verso, que me mande un comentario o email y yo gustoso lo explico.
El clásico original, para el que lo haya olvidado, es así:
Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.
Donde el deseo viaja en ascensores, un agujero queda para mí, que me dejo la vida en sus rincones, pongamos que hablo de Madrid.
Las niñas ya no quieren ser princesas, y a los niños les da por perseguir el mar dentro de un vaso de ginebra, pongamos que hablo de Madrid.
Los pájaros visitan al psiquiatra, las estrellas se olvidan de salir, la muerte viaja en ambulancias blancas, pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano, la vida un metro a punto de partir, hay una jeringuilla en el lavabo, pongamos que hablo de Madrid.
Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid
el último párrafo tiene una variación antónima que dice:
Cuando la muerte venga a visitarme, no me despiertes, déjame dormir, aquí he vivido, aquí quiero quedarme, pongamos que hablo de Madrid.
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