
Mi suerte continúa: no sólo logré colarme en el tren Pekín-Lhasa (como relaté en el anterior post), sino que, precisamente estos días que he podido largarme de la capital china, ha habido un terremoto allí, así que me he librado del susto. No muy fuerte, 5,1 grados, pero lo suficiente para que más de uno saliera de su casa.
Lo curioso es que yo ahora mismo estoy en el Tíbet, zona donde, por el contacto de las placas tectónicas india y asiática, suele haber bastantes terremotos. Y va el seísmo y se declara en el lugar de donde he "huido"...
Poniendo un símil que espero que a nadie moleste: es como si yo ahora mismo me fuera a Indonesia y se declarara un tsunami en el río Isuela, esa gran corriente fluvial que pasa por mi ciudad natal, Huesca.
Quizá estoy exagerando un poco (no sería la primera vez), porque de hecho Pekín es una zona con riesgo de terremotos, aunque no tan frecuentes como los del Tíbet.
No en vano, hace 30 años se declaró un terremoto cerca de Pekín, en Tangshan, considerado uno de los más mortíferos de la historia (280.000 muertos).
En Pekín, dicen, también se sintió aquel terremoto, pero las noticias de muertes en Tangshan no se supieron hasta días después, pues las comunicaciones se habían roto (añadamos a eso la consabida "rapidez" con la que el régimen chino informa de desastres).
En mi primer trabajo en China, fue colega mía una señora -ahora ya jubilada- que perdió a algunos de sus familiares en ese terremoto. Ella seguro que se acuerda dolorosamente de ese año en este 2006, cuando China celebra un montón de "trigésimos aniversarios":
-30 años de la muerte de Mao -30 años de la muerte de Zhou Enlai -30 años del citado terremoto -30 años del final de la Revolución Cultural
Y el último y menos importante:
-30 años del nacimiento del patán que años después escribiría un blog llamado Chinochano
PD: la foto de arriba es uno de los primeros sismógrafos de la historia, inventado, como casi todo en este mundo, por los chinos.
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