 En los últimos días, la famosa ciudad china de Xian ha aparecido bastante en la prensa. Primero fue por el derrumbamiento de parte de su muralla, debido a las lluvias. Después, por el descubrimiento de la tumba de la abuela del primer emperador, Qin Shihuangdi.
Las noticias sobre Xian suelen estar relacionadas con este tipo de temas: arqueología, historia, cultura, turismo, viajes...
No es nada extraño: Xian es un lugar mítico, que enciende los sueños de los viajeros. Con más de 3.000 años de bagaje, es una ciudad comparable en historia y grandeza a otras urbes que brillaron en la antigüedad: Constantinopla, Babilonia, Persépolis, Atenas, Roma... Además, era "el otro extremo" de la Ruta de la Seda, el viaje de los viajes. Y quizás fue la ciudad más grande del mundo en su época de apogeo, hace 2.000 años, cuando empezó a ser la capital de China bajo el nombre de Changan.
En resumen, Xian tiene mucho pedigrí, el suficiente como para atraer a cualquiera. Y es precisamente por eso que Xian resulta tan decepcionante. ¿Qué fue de esa ciudad antigua? ¿Donde se la llevaron?
Hoy en día, Xian es una ciudad llena de edificios grises y sin gracia alguna. Con hoteles modernos a los que han puesto un tejado tradicional chino para qudarse con la conciencia tranquila. Lleno de centros comerciales, tiendas con los altavoces a tope, anchas avenidas que se pueden ver en cualquier otro lugar de China...
En resumen, lo mismo que muchas otras ciudades chinas, pero todavía más descorazonador teniendo en cuenta que estamos hablando de una ciudad con miles de años de historia, y que aún hoy sigue atrayendo a viajeros y turistas de todo el mundo. Es como si convirtiéramos Roma en una ciudad dormitorio.
Peor todavía: esos edificios grises, esas urbanizaciones sin gracia, están rodeadas por una muralla supuestamente antigua. Viendo el enorme muro, de decenas de kilómetros de perímetro, y contemplando desde sus almenas lo que hay detrás de la muralla, uno queda alucinado, sorprendido de ver cómo en China se construye encima de ciudades de milenios de historia sin ningún pudor y sin interés alguno en que los edificios nuevos se parezcan en algo a los de antes.
Bueno, no todo es así... Hay una calle antigua donde venden antigüedades, y un barrio musulmán que si sigue en pie no es porque hayan querido conservarlo, sino porque la gente de allí es pobre y al ayuntamiento no le interesa mucho. Son zonas con encanto, pero... ¿de verdad creen en Xian que conservando sólo eso ya es suficiente?
Luego están los famosos Guerreros de Terracota. Son realmente un ejército curioso y sorprendente, pero los tienen encerrados en una especie de pabellón polideportivo de acero y hormigón que no pega mucho con el contenido, la verdad.
Sé que hay un conflicto entre los gustos de los extranjeros y los chinos. A veces, a nosotros los foráneos nos gustan lugares un poco decrépitos, decadentes, por ese encanto que tiene lo ajado, lo cutre. No todo se puede dejar así, claro, pero... ¿Por qué convertirlo en edificios de cinco plantas y cubiertos de mosaicos blancos que ya al ser inaugurados no sólo parecen decrépitos, sino que además son feos y vulgares?
Xian es quizá el caso más sangrante de algo que ocurre en toda China. En Pekín, sin ir más lejos: ayer estuve al sur de Tiananmen, en la zona de Qianmen, y lo que está ocurriendo allí es un flagrante atentado al patrimonio histórico. Todo ese barrio de callejones, con casas tradicionales, lo están demoliendo, de forma que en pleno centro de la ciudad hay una especie de solar polvoriento de varios miles de metros cuadrados, donde antes estaba una de las zonas más encantadoras -cutrecillas pero encantadoras- de la ciudad. Qué salvajada.
Que no nos intenten vender la moto. Ya sé qué van a construir allí: calles "tradicionales" de cartón piedra, decorados de película de serie B sobre kung-fu. Barrios falsos, sin historia, llenos de tiendas de recuerdos y antigüedades fabricadas ayer. Lo he visto en Tianjin, en el "barrio chino" de Shanghai, en Kunming, en Luoyang, en Nanjing, en muchas ciudades chinas. Nunca, nunca recuperarán lo que están destruyendo, y algún día, cuando los turistas dejen de venir, lo sentirán.
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