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Una de las cosas que tiene China es que está llena de tiendas por todas partes. Sí, vale, como cualquier parte del mundo, pero creo que en China la densidad se multiplica.
Las tiendas más habituales son edificios de una planta, pequeños, con un gran cartel en la entrada, tan ancho como la fachada y colocado sobre ella. Cartel hecho de cartón piedra o similar, a veces iluminado por neones, y que es parte inalienable del paisaje chino.
Buscándole tres pies al gato, he descubierto que a los chinos les encanta poner bellos y bucólicos paisajes como fondo de estos carteles. Comercios de todo tipo hacen esto, pero sobre todo los restaurantes, y dentro de éstos, aquellos que sirven de manduca de lugares exóticos: comida musulmana de Xinjiang, tibetana, picante de Sichuan...
Os mostraré a continuación varios ejemplos de este paisajismo comercial. Las fotos fueron tomadas en el Tíbet, por eso hay letras tibetanas junto a los caracteres chinos, pero siguen la tónica habitual que en el resto de China (aunque quizá, al ser tiendas tibetanas, muestran mayor profusión de rebaños de yaks, montañas nevadas y otros atractivos locales).

Aires de las mil y una noches en una pastelería musulmana.

Yaks, antílopes y montes nevados en un restaurante que parece prometerte
que entrarás en el mismísimo paraíso de Shangri-La si entras en él.

Más montañas, pero esta vez con ovejas, en una tienda de móviles de segunda mano.
¿Habrá descuentos para pastores?

Caballos en la entrada de un restaurante de comida tibetana

El Palacio Potala de Lhasa, en otra tienda de móviles.

Algunos no tienen complejos: este restaurante de comida de Sichuan
muestra un salón mucho más lujoso que el que hay en el interior del local.

Desolador paisaje helado en una tienda que no sé muy bien de que es, quizá de ropa...

Para los tibetanos que buscan un escape a su vida montañosa,
este cartel muestra un paisaje tropical de palmeras datileras.

También hay paisajes de amaneceres u ocasos,
en esta ocasión con una tibetana de mangas largas
al lado de un vaso gigante de cerveza.

En un restaurante de raviolis, un paisaje urbano de lejanas ciudades.

Algunos no pueden esperar a que el cliente entre para ver la mercancía y la ponen en el cartel,
caso de esta frutería que ha sacado su género por las montañas.

Finalmente, un cartel no de tienda sino sobre la carretera, que recuerda a los tibetanos que son chinos (por si acaso a alguno le da un ataque independentista). Dos soldados venidos de Pekín, y al lado la también pequinesa Puerta de Tiananmen.
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