 Una de las cosas que le suelen pasar al extranjero que vive en China es que engorda. Yo soy un claro ejemplo de ello, pues en los cinco años que llevo aquí he ganado unos 15 kilos, a tres por año.
Las razones son de diversos tipos, pero quizá la principal es la vagancia: en China es más barato comer en restaurantes que comprar la comida en el super y hacerla en casa, así que muchos extranjeros, que además lo pasamos mal para identificar los alimentos en las tiendas, acabamos siendo clientes fijos de los restaurantes, abonados al pollo Kunbao (gongbaojiding).
Otro importante factor es lo barata que es en China la cerveza, a 30 céntimos de euro la litrona (aunque ojo que las litronas son de 600 ml, no de litro).
Cuidado porque en China la gente no tiene ningún tapujo en decirte, cada vez que te ve, que estás muuuucho más gordo que la última vez. Para ellos es algo bueno, así que lo vas a escuchar mucho. Y más de uno tocará tu barriga para que le dé suerte...
Creo que no soy el más indicado para dar consejos sobre cómo no engordar en China, pero de todas formas ofrezco varias sugerencias:
La primera, huye de los restaurantes. Esa comida que ofrecen, cubierta por un dedo de aceite brillante, es deliciosa pero no te va a sentar nada bien.
La segunda: si pese a todo te ves obligado a comer en ellos, diles que por favor cocinen con poco aceite: "shao fang you".
Y si te quieres poner a dieta, ni se te ocurra pedir en los restaurantes ensaladas o macedonias, porque las suelen servir con mayonesa ¡y encima mayonesa dulce! Quizá lo mejor es pedir sopas de fideos (miantiao) o ensalada de pepino, que esa sí no lleva mayonesa (aunque se los comen sin pelar).
Si a pesar de todo acabas engordando, haz como muchos barrigudos pequineses: siéntete orgulloso del fruto de tu vientre, y, en verano, arremángate la camisa hasta la altura del pecho, para que todos vean tu redondez. Si ellos lo hacen nosotros no vamos a ser menos.
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