 Hace tiempo que le debo a Silvia, una furibunda comentarista de este blog, un artículo sobre las relaciones amorosas/sexuales entre chinos y occidentales. Es un tema peliagudo, pero bueno, voy a dejar mi más sincera opinión, y si alguien no la comparte, que por favor deje un iracundo comentario.
El número de parejas en las que el chico es occidental y la chica es china es muy superior a la situación contraria (chica occidental y chico chino). ¿Por que? Supongo que porque el porcentaje de chinas que a los occidentales nos parece que están de toma pan y moja es mucho mayor que el de chinos que le producen la misma sensación a las occidentales. Aorijia, que si no me equivoco tiene novio chino, está intentando que esas tornas cambien, pero creo que es complicado...
Yo soy un caso de hombre que contrajo la fiebre amarilla: fue llegar a China y empezar a decir que las chinas eran la belleza suma, que mucho-mejor-que-las-españolas-adonde-vamos-a-parar... Aunque luego esas visiones se han moderado, sobre todo después de salir de marcheta por España, o tras ver a una españolaza de portada en el MAN.
Cada uno es de su padre y de su madre, pero de todas formas, en esto de las relaciones hispanoasiáticas me encontrado repetidas varias pautas:
- Gente, sobre todo chicos, que tenían novia en España (o en otro país) y que al llegar a China la han dejado por una china.
- Chicas occidentales que se han echado un novio chino que o bien es artista, o cantante, o director de cine... Esto con los chicos occidentales ocurre bastante menos, hay poca china bohemia entre sus conquistas.
- Personas que después de una mala relación con una china deciden no salir nunca más con chicas de esa nacionalidad e intentar convencer a los demás de que hagan lo mismo.
- Gente poco ligona que al llegar a China empieza a mojar sin parar, despendolándose a base de bien.
- Enfermos que se dedican a hacer ránkings de asiáticas según el país. Yo soy uno de ellos, y las vietnamitas están las primeras, seguidas de cerca por chinas y filipinas.
No quiero extenderme más, porque yo nunca he tenido mucha suerte en estas lides, y de esto entiendo lo justo. Hace poco habló del tema, con gran sabiduría y sin pelos en la lengua, el bueno de Fernandet en su blog.
Yo ahora estoy felizmente arrejuntado, con una bella manchú, y defiendo a ultranza las relaciones internacionales de este tipo. La clave, creo yo, es que al menos uno de los dos sea paciente (sin que el otro tenga que ser médico).
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