 ¡Alonso que grandeeeeeeee! No es que me guste mucho la Fórmula Uno, pero la verdad es que lo que ha hecho este hombre ha sido alucinante. Todo parecía preparado para que el mamón de Chumaker ganara su último campeonato mundial, y mira lo que ha pasado... Y ha vuelto a ser en Japón.
Está claro que Japón nos da suerte a los españoles. Mira a la selección de baloncesto. Mira a Paquito Fernández Ochoa... Digo yo que los partidos de la selección de fútbol, si en vez de jugarlos en Sevilla o Valencia los lleváramos a Yokohama, a lo mejor nos cantaría otro gallo...
Hablando de Japón, hoy ha llegado a China el primer ministro japonés, que es nuevo y se llama Abe. La visita es muy importante, porque es la primera tras cinco años de mucho mal rollo entre ambos países. Su antecesor, Koizumi, acabó llevándose a matar con los chinos debido a su costumbre de visitar cada año un templo de Tokio donde se rinde homenaje a criminales de la II Guerra Mundial. Los japoneses también se cabrearon mucho cuando el año pasado se celebraron en China decenas de manifestaciones antijaponesas, en las que se atacaron tiendas niponas y hasta el consulado en Shanghai.
Lo cierto es que Japón cometió un montón de tropelías en China, similares a las que la Alemania nazi hizo con judíos y eslavos. No me extraña que los chinos estén cabreados. Pero también es verdad que esas cosas pasaron hace 70 años y parece mentira que todavía estén japoneses y chinos a matar por ello.
No sé en Japón, pero en China tienen este asunto a flor de piel. Siempre hay fanáticos a los que cualquier cosa relacionada con lo nipón les pone de mala leche. Sin ir más lejos, muchos chinos se cabrearon por el simple hecho de que sus dos actrices más internacionales, Gong Li y Zhang Ziyi, hicieran de geishas japonesas en la película Memorias de una Geisha (por cierto, qué grande está Gong Li, se come a Zhang Ziyi con patatas).
En China, la prensa comunista y los políticos aprovechan esta enemistad siempre que pueden. Por ejemplo, para desacreditar productos japoneses que llegan a su mercado (a nada que uno de ellos tenga un fallo, ya piden el boicot), o para oponerse a Japón en casi todo (a que busque gas natural en el mar cercano a China, por ejemplo). Parece ser que China quiere que Japón le pida solemnemente perdón por los crímenes de guerra, pero no se sabe cómo, porque Tokio ya lo ha hecho decenas de veces y eso no les basta. ¿Querrán que el emperador japonés se arrodille ante Hu Jintao? La verdad es que China no es muy clara en este punto.
Pero Japón no se queda corto: mientras que en Alemania el nazismo está duramente perseguido, en Japón las visiones militaristas que ven con nostalgia su época expansionista son muy fuertes. Tan fuertes que hacen libros de texto para niños, o presionan para que haya una visión "moderada" de lo que pasó en la guerra. Eso tampoco puede ser, ¿no? Japón se escuda diciendo que en su país hay democracia, y en ella tienen cabida grupos radicales como éstos.
Bueno, es un tema tan complicado que tampoco quiero extenderme demasiado. Simplemente, a ver si la visita de Abe sirve para arreglar las cosas, partir nuevamente de cero y hacer que los dos países se lleven mejor.
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