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Quizá habéis oído hablar de la campaña internacional "Abrazos Gratis", que se ha hecho bastante famosa en las últimas semanas gracias a un vídeo difundido, no podía ser de otra forma, a través de Youtube.
Aunque la campaña empezó hace ya varios años, el emotivo, precioso y magnífico vídeo ha hecho que mucha gente haya comenzado a lanzarse voluntariamente a las calles de todo el mundo ofreciendo abrazos gratis a la gente, para intentar dar algo de calor a las frías calles de las ciudades.
La moda se desató hace tan sólo un mes, pues fue a finales de septiembre cuando se publicó el vídeo, pero ya hace furor en todo el planeta. En lugares como España, México y Argentina ya han aparecido varias noticias sobre estos abrazadores voluntarios.
También en China ha habido alguna gente, sobre todo jóvenes, que se ha sumado a la campaña. El último fin de semana de octubre varias decenas de ellos se citaron en calles de ciudades como Pekín, Xian o Tianjin para ofrecer abrazos gratis. Desgraciadamente, no tuvieron demasiado éxito... Si ya debe ser difícil dar abrazos gratuitos a desconocidos en Occidente, en China, donde ni siquiera los conocidos se abrazan, todavía lo tienen más crudo.
Las noticias de estos días dijeron que en Xian, por ejemplo, los activistas pro abrazo sólo lograron que 10 personas se dejaran abrazar. La gente les decía: "No, no quiero, abrazarse es una cosa de extranjeros". Pero todavía fue peor en Pekín: la campaña se inició en Wangfujing, una famosa calle peatonal del centro de la ciudad, y la policía detuvo a los abrazadores. Hasta los llevaron a comisaría y les interrogaron, alegando que habían llevado a cabo un espectáculo callejero sin pedir permiso... En Shanghai, donde la campaña se llevó a cabo anteayer, tres cuartos de lo mismo. Desde luego, cómo son, y luego se quejarán de la fama de represores que tienen los maderos chinos.
Es verdad que los chinos no se abrazan, ni se besan, ni se dan apretones de manos. El saludo más socorrido es una levísima inclinación de cabeza, apenas perceptible (no como los japoneses, que la hacen más exagerada).
Pero también es verdad que los chinos, sobre todo los jóvenes, empiezan a adoptar estas muestras de afecto. Y a lo bestia: no es nada raro encontrarse en medio de una acera pequinesa a una pareja de tortolitos abrazándose, inmóviles y de pie, durante minutos y minutos. A veces pienso que son actores de telenovela, y miro alrededor a ver si hay una cámara grabándolos.
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