
Bueno, pues se cumple hoy un año desde que empecé este blog que tanto tiempo me ha quitado pero tan a gusto he escrito... Para conmemorarlo, hoy Chinochano hablará de Chinochano, una mirada de ombligo como autoregalo.
Chinochano comenzó en noviembre de 2005, uno o dos meses después de que yo, ignorante de mí, descubriera que había una cosa en Internet que se llamaba blogs. O mejor dicho: había oído hablar de los blogs, pero pensaba que sólo un informático los podía escribir.
En el primer post ya dije que quería que el blog fuera no sólo un sitio donde yo dejo mis chorradillas, sino también un punto de encuentro de gente interesada en China. Creo que ese objetivo se ha cumplido de sobra, y el blog es visitado día a día por hispanohablantes que viven o han vivido en China, padres que adoptaron niños chinos, estudiantes chinos de español y estudiantes españoles de chino, jóvenes hispanohablantes con padres chinos, fans de Jackie Chan... Ésa era la idea, así que muy contento que estoy.
Desde el principio elegí el cuasi-anonimato (aunque mi nombre aparece escondido en alguna parte del blog) para tener libertad, lo que ha hecho que el nombre del blog -o su versión abreviada, ChCh- se haya convertido en mi seudónimo. Algo que ahora parece lógico, pero que en un principio no imaginé que pasaría. Bueno, también hay quien me llama chinito en los comentarios, e incluso alguno cree que soy de nacionalidad china.
Para no aburrir, he intentado que cada día el artículo no se pareciera en nada al del día anterior. He pasado de la política al deporte, de la música a los viajes, o del folclore a la recopilación de las matrículas provinciales chinas. Casi siempre escribí desde Pekín, pero también hubo artículos desde Filipinas, el Tíbet, algún lugar que otro de China y, por supuesto, España.
Para mí esto de los blogs sigue siendo algo muy nuevo, por eso me sigo sorprendiendo día a día de que haya gente que me escriba al email para preguntarme todo tipo de cosas relacionadas con China, desde españoles con novia china que piden consejos matrimoniales hasta empresarios que preguntan si vale la pena invertir en este país. A veces me abruma, pero yo intento siempre responder.
El blog no me ha dado ingreso económico alguno -todavía estoy esperando a que Google me llame para comprármelo por 1.500 millones de dólares- pero sí me ha regalado la oportunidad de conocer, aunque la mayor parte de las veces fuera por escrito, a muchísima gente (me encantaría dar nombres, pero no lo haré por temor a dejarme alguno).
Lo que se escribe en los blogs al día siguiente sirve para envolver el bocadillo (¿era así la frase?), pero de todas formas yo conservo en el recuerdo varios artículos, especialmente los que me llevaron algo de curro pero acabaron bastante pulidos. Estoy especialmente orgulloso de aquel en el que elaboré el birrograma de China, pero también ése en el que explicaba, a base de Risk, la estrategia de China para dominar el mundo.
Aunque, seamos honestos, el artículo que más visitas me ha dado es aquel en el que conté que me había tocado la pedrea en la lotería de Navidad. ¿Las causas? Difíciles de explicar: de forma casi surrealista, un post bastante tonto acabó convertido en un club de fans de la serie coreana Escalera al Cielo, y desde entonces, decenas de latinoamericanos locos de la serie me visitan al día. Lo irónico de la cosa es que ese post ni siquiera era honesto, ya que en realidad nunca me tocó la pedrea: me equivoqué al mirar los números, y el número 58.594 no tuvo premio alguno.
Supongo que el colocar en la bitácora una foto del calvo de la suerte (el de la lotería, ya "jubilado") me dio a mí también buena fortuna ese día. Por tanto, habrá que ser práctico y poner a ese calvo en más ocasiones...
En fin, que gracias a todos por visitar, leer, comentar y emailear, y que de momento, Chinochano sigue.
PD: Ya que Chinochano es el tema de hoy, no estaría de más recordar que "chinochano" -palabra que en aragonés y en catalán sinifica "poco a poco"- es también el nombre de un club motociclista de Sabadell, el de una web en aragonés, y también es el título del último disco del grupo folk Hato de Foces. ¡Que no tenemos copyright, oye!
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