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En la noche del pasado viernes, llegó a Pekín de repente un frío y potente viento siberiano, y lo que hasta ahora era un invierno benigno, que no parecía invierno ni nada, se ha convertido en el invierno de verdad, el habitual de otros años. En resumen: llegó la hora de los calzoncillos largos.
Los calzones o calzoncillos largos, prenda de vestir que antes de venir a Pekín sólo había visto en películas de vaqueros y otras épocas pasadas, son una prenda imprescindible en China. Suelen ser blancos, ajustados, y producen a quien los lleva la sensación de que se ha olvidado de quitarse el pijama antes de vestirse.
Es muy importante saber en qué momento del año ponérselos. Los chinos suelen hacerlo a nada que refresca, en octubre o noviembre, pero me da la impresión de que los chinos tienen un termostato corporal muy diferente y son más frioleros que nosotros, por lo que, si nosotros hacemos lo mismo, corremos el riesgo de pasar más calor a mediados de octubre que a finales de julio, o lo que es peor, a coger un gripazo debido al explosivo cóctel "sudor+frío".
Por tanto, la época que yo creo conveniente para usarlos es precisamente la que se inició la pasada semana, cuando llega a Pekín y el resto del norte de China el frío siberiano. Si uno no se atreve a usar estos calzoncillos, irá por la calle congelado, y que se olvide de ir en bicicleta.
Normalmente, la época en la que un occidental considera que ha de perder su orgullo y ponerse de una vez los calzoncillos largos, porque no aguanta más el frío, es cuando el chino decide que, con la rasca que hace, es mejor llevar DOS calzoncillos largos debajo del pantalón.
Igual de importante es saber cuándo quitarse los calzoncillos largos. Entre los chinos hay diversas opiniones: unos piensan que cuando se celebra la "Fiesta de Primavera" (que pese a ese nombre todavía es enero o febrero) ya se puede decir que la primavera ha llegado, por lo que ya no son necesarios los largos gayumbos.
Otros, sin embargo, siguen su espíritu friolero y no se quitan los calzones largos hasta abril, poco antes de que llegue no ya el tiempo primaveral, sino el estival de mayo.
Lo que ya no sé es si los chinos, cuando llevan calzoncillos largos, llevan otros cortos debajo. Pese a mi periodístico afán por saberlo todo, esto creo que no lo voy a investigar jamás.
La semana pasada, iba yo pensando que si el invierno seguía relativamente benigno en Pekín, como estaba siendo hasta entonces, y si en años venideros, como consecuencia del calentamiento global, la cosa seguía igual, el uso de esta prenda se extinguiría. Ello crearía en las fábricas textiles chinas un enorme excedente de tela de algodón o sintética, que a lo mejor intentaban vender en el extranjero (para desgracia de los productores del resto del mundo).
No es ninguna tontería: si lo del calentamiento global sigue así, seguro que uno de los primeros sectores en sentirlo es el de la ropa, y dentro de él, el subsector de los calzones para 1.300 millones de consumidores chinos.
Pero bueno, luego llegó el frío de verdad, y todas esas teorías se fueron al garete. El calzoncillo largo, con el fresquillo que se siente ahora en Pekín, tiene el futuro asegurado.
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