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Con todo el follón del ahorcamiento de Sadam, creo que es un buen momento para tocar un tema más serio que de costumbre, pero que no se puede olvidar estando en China: la pena de muerte.
Ya sabéis que China es el país donde más penas de este tipo se dictan en todo el mundo. No se sabe exactamente cuántas, pero sí que son muchas más que en cualquier otro país. Al parecer son entre 2.000 y 8.000, y aunque tuviéramos en cuenta la menor de las dos, ya sería 20 o 30 veces más que los países que le siguen (EEUU, Irán, etc).
Se aplica con disparo en la nuca o inyección letal. La leyenda dice que los familiares del ejecutado tienen que pagar la bala, pero, sinceramente, me cuesta creer semejante falta de sensibilidad.
Por una parte, el gobierno chino defiende el uso de la pena capital, argumentando que otros países como EEUU también la tienen, y que es algo "coyuntural", que en el futuro dejará de usarla.
Pero aunque la defiende, China apenas informa de las ejecuciones, ni da cifras oficiales sobre el tema, lo cual parece indicar que el gobierno, en su fuero interno, sabe que lo que hace no está bien y es mejor no darle mucha publicidad (de la misma forma que tampoco da una lista con las páginas web que censura, por ejemplo).
China sólo hace pública de vez en cuando alguna condena o ejecución cuando le interesa que se conozca el caso: grandes narcotraficantes de drogas, importantes banqueros corruptos, asesinos en serie... No se dan detalles de la ejecución -casi mejor- y en la televisión, como mucho, sale el momento en el que el juez lee al reo la sentencia.
De todas formas, si se informara de todas, no sé si iba a ser peor para los ánimos... Si como dicen algunos, hay 8.000 penas de muerte al año, eso daría para más de 10 noticias al día sobre el tema, lo que eclipsaría cualquier otra información (o lo que es peor, se daría como algo rutinario).
La verdad es que procuro no hablar demasiado del tema con los chinos, porque en los primeros años, cuando le preguntaba a alguno por su opinión, siempre me decían que estaban a favor de la pena de muerte. Hasta los más progres decían que quizá en el futuro podría desaparecer, pero que de momento es necesaria (lo mismo que dice el gobierno). Así que, para no llevarme chascos con amigos y demás, mejor no le pregunto a nadie.
Con el comienzo del año entró en vigor una nueva ley de juzgados, por la cual todas las sentencias a muerte deberán ser revisadas por el Tribunal Supremo nacional (durante 23 años, no fue necesario y la potestad para dictar pena de muerte y ejecutar la tenían, de facto, los tribunales locales). El juez supremo, que se llama Xiao Yang, ha dicho ya a todo el mundo que se acabó lo de dictar penas de muerte sin ton ni son, y que a partir de ahora se haga sólo en casos muy especiales.
Es una gran esperanza, y confiemos en que al final de 2007 Amnis*ía In*ernacional (manipulo el nombre por si acaso rondan los censores) pueda decirle a China que muy bien, que ha bajado tremendamente el número de penas de muerte.
Sería muy bueno no sólo para los derechos humanos, sino para el propio Gobierno chino, porque el tema de las penas de muerte es quizá el que más mala fama le da en el exterior. Los chinos, siempre tan preocupados por la mala imagen que el extranjero tiene de ellos, ganarían muchos enteros, y ello ayudaría a que este planeta estuviera más relajado.
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