De niños, nos obligaron en muchas ocasiones a mentir sobre nuestra edad. Fue en la piscina, en la estación de tren y lugares similares, con el fin de obtener descuentos o billetes gratis. Normalmente, había que decir que teníamos seis años, aunque tuviéramos ya pelo en las piernas y le sacáramos una cabeza de altura al taquillero.
Si hubiéramos nacido en China, nos habríamos ahorrado la traumática experiencia de ver cómo nuestros padres nos forzaban a mentir. En China, los que entran gratis no son los niños más pequeños, sino los más bajitos.
Veréis en muchos lugares de China (por ejemplo, en la Ciudad Prohibida) una raya horizontal en la pared, normalmente a 1,2 metros. Los niños que no la rebasen, pasan sin pagar. Los que la rebasen, aflojarán la mosca.
Los padres chinos se quejan de que los niños cada vez nacen más altos, por lo que hay que subir la raya un poco más, si no cada vez sale más caro llevar a los niños al parque (que nunca es gratis). Algunos ayuntamientos han hecho caso y han puesto el listón ya en 1,3 metros.
Se suele decir que los chinos son gente bajita. A mí tampoco me lo parece, aunque claro, los españoles tampoco somos unos Tachenkos de la vida.
Un chino de Manchuria, descendiente de mongoles y otros bárbaros del norte, te puede sacar varias cabezas de diferencia, así que ojito con buscar pelea ante alguien de Harbin si está sentado y no estás viendo realmente lo que mide.
¿Bajitos los chinos? Aquí hay dos personas que no están muy de acuerdo con esa afirmación...
Yao Ming. Nacido en Shanghai. Pívot de los Jiuston Roquets. 2,26 metros sin estirarse ni nada. Considerado el jugador de baloncesto más alto en la actualidad. Es mucho menos patoso que Romay, Tachenko, Muresan y otros bestiajos.
 Bao Xishun. Pastor mongol de 2,36 metros. Está considerado el hombre vivo más alto del planeta. Es toda una celebridad en China, y hace unas semanas protagonizó una de las noticias más surrealistas en la historia de la civilización.
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