
Gracias al Congreso de Periodismo Digital, he podido venir a Huesca esta semana, lo que significa que estos días en teoría este blog está de servicios mínimos (de todas formas espero que no se note mucho).
Es la primera vez que experimento el invierno en España en seis años. De todas formas esto ni es invierno ni es nada...
Cuando llego a España, necesito cierto periodo de readaptación a este país, un tiempo en el que me pasan las siguientes cosas:
- Me cuesta mucho saludar a la gente que me encuentro en el ascensor y las escaleras. En China no es costumbre hacerlo, y al volver a España, aunque lo hago, me siento un poco raro y no sé si hay que decir "Hola" o "Buenos días" o "Qué gran aspecto tiene usted hoy".
- Me quedo mirando al cielo como un pánfilo, porque cielo como éste, tan azul y con nubes tan blancas, no lo ha habido jamás en China ni lo habrá. Lo de la luz de España es algo impresionante, que se aprecia especialmente cuando se ha vivido en lugares oscuros, lluviosos o contaminados (mi caso es el tercero). Vargas Llosa, que ha vivido en muchos lugares, también lo recalca en su última obra, "Travesuras de una niña mala".
- Cuando me paro en un paso de cebra y veo que un coche se para para dejarme pasar, dudo horrores hasta que decido saltar a la calzada. En China no sólo no paran los coches en estos pasos, sino que además pitan al desvalido peatón que intenta usarlos para atravesar la calle.
En esta visita, como va a ser corta, no acabaré totalmente adaptado a las "rarezas españolas". Pero lo intentaré en la medida de lo posible.
Los españoles y latinoamericanos que vivís en China, ¿tenéis sensaciones similares?
|