Las dos veces que he nombrado en este blog el Hotel de la Amistad -lugar en el que viví entre 2001 y 2003- prometí que más adelante dedicaría un post a ese mítico lugar. Creo que ya está bien de posponer esa promesa, así que hoy os voy a hablar de ese hotel, que forma parte de la historia de la ciudad.
El Hotel de la Amistad (Youyi Bingguan) se construyó en 1954 para alojar en él a los ingenieros, expertos y otras personalidades de la URSS, en aquellos tiempos en que Moscú y Pekín aún eran amigas. Ello lo convierte en uno de los más veteranos de la ciudad, junto al Beijing Hotel (aunque éste tiene más de 100 años).
Cuando me dijeron, antes de ir a China, que me iba a alojar en un lugar llamado "Hotel de la Amistad", aquello me sonó a lugar muy comunista. Sonaba como aquellos Juegos de la Amistad que creó la URSS como alternativa a los JJOO, cuando boicoteó los de Los Ángeles 84. En el mundo comunista, la palabra "amistad" a veces llevaba la connotación de "yo dirijo mis misiles en la misma dirección que lo hace Moscú". Por cierto, en casi cada ciudad de China hay un "Hotel de la Amistad", pero no os confundáis, el que más historia tiene es el pequinés.
Durante medio siglo, en el hotel se alojaron entre otros los llamados "expertos", extranjeros que trabajaban para el Gobierno chino. La palabra "experto" no significaba necesariamente que fueras inteligentísimo, sino simplemente que estabas a sueldo de Pekín. Yo, con 25 años recién cumplidos, trabajé como experto, aquí donde me tenéis. Y claro, me alojé en el hotel amistoso.
El hotel era un poco decadente y con cierto estilo neoclásicosoviético, pero tenía -y tiene- su encanto: arquitectura tradicional pequinesa de ladrillo gris, muchos jardines, una plaza con conciertos veraniegos... Ah, y una de las pocas piscinas al aire libre de Pekín.
Hasta bien entrados los 90, el lugar se asentaba en las afueras de la ciudad, entre campos, pero la ciudad fue creciendo y cuando yo llegué a Pekín ya se podía decir que el hotel estaba en plena urbe, un poco alejadillo del centro pero definitivamente rodeado de carreteras, centros comerciales y edificios de varias plantas.
El hotel ajardinado tenía ya su atractivo per se, pero lo realmente especial del lugar era la gente que lo habitaba: tus vecinos eran iraquíes, estadounidenses, qataríes, indios, bangladeshíes, birmanos, camboyanos, rusos, letones, canadienses, cubanos... Un mezcladillo de naciones que en Pekín también puede verse en las universidades donde se estudia chino, aunque en el caso del hotel era más curioso, porque había muchas parejas mixtas, muchos niños... y gente con mucha historia detrás...
Hasta los 80, la mayoría de los que vivían en el hotel tenían que ser simpatizantes del comunismo chino, o por lo menos parecerlo. Pero poco a poco, esas exigencias se relajaron, y a mí por ejemplo no me hicieron ningún test de marxistidad. De hecho muchos de los que vivían en el hotel eran anticomunistas a muerte, y más de uno practicante.
Pero en los años en que estuve, que ya fueron los últimos en que el hotel mantuvo su espíritu "amistoso", todavía había restos de antiguas épocas... En el hotel vivía, por ejemplo, una estadounidense de más de 90 años que llevaba en China desde los primeros años del maoísmo (incluso se había quedado en el país durante los años de la Revolución Cultural, aunque tuvo que esconderse para que no se la cargaran).
También había personas que "huían" de la situación de sus países. Iraquíes, por ejemplo, (algunos pro, otros anti Sadam), o palestinos, o europeos y asiáticos que habían formado parte de guerrillas comunistas en sus países, muchas décadas antes, y que ante la posibilidad de ser detenidos y procesados, se refugiaron en China y formaron allí su familia.
Seguramente muchas de esas leyendas eran difundidas por los vecinos más cotillas, que en vez de decir "creo que el vecino del cuarto es un borracho" decían "creo que el vecino del cuarto es un Brigada Roja". Pero quizá realmente alguno de los inquilinos, de joven, había sido un violento revolucionario, miembro de los Tupamaros o amigo del mismísimo Lumumba.
En el hotel circulaban leyendas de todo tipo, no sólo políticas: que sí el butanés del tercero se había fugado con la malaya del segundo sin que su marido el tunecino se enterara, que si uno de los estonios se había suicidado porque no aguantaba más vivir en el exilio o sin vodka... (aviso que las nacionalidades las estoy cambiando un poco por si acaso).
El hotel tenía cierto tufo decadente, incluidas nuestras habitaciones, que tenían aspecto de llevar medio siglo igual, quizá para que admiraramos el trozo de historia en el que estábamos.
Muchos de los que allí estaban desde hacía años, señores mayores de países ex comunistas o lugares en conflicto, daba la sensación de que habían perdido guerras o familias... Aunque cuando yo llegué la cosa había cambiado bastante, y lo que más abundaba eran los que, como yo, habían llegado a China para ver cómo era el país, acumular experiencias, mejorar su curriculum, pasárselo bien...
Aquella extraña comunidad "amistosa", mezcla de históricos y de jóvenes con ganas de ver mundo, no iba a durar mucho. Hacia el año 2004, el gobierno de Pekín levantó a los extranjeros la prohibición de vivir en lugares "normales" de la ciudad (antes estábamos confinados a ghettos como hoteles, zonas diplomáticas y lugares así). Al levantarse este veto, que la verdad es que era bastante racistoide, mucha gente se marchó del hotel, para vivir en lugares más céntricos, más baratos, o con un ambiente más autóctono.
Ahora, en el hotel siguen viviendo unas pocas familias de extranjeros, pero cada vez menos, y el establecimiento se dedica sobre todo a organizar conferencias y convenciones, que además le dan más dinero que alojar todo el año a esos expertos de antaño. Me joroba mucho que muchas de las habitaciones ajadas no las arreglaron hasta que no nos fuimos los extranjeros, cuando comenzaron a alojar a conferenciantes y a ricachones.
Por una parte, creo que está bien que se acabara con el ghetto del Youyi Bingguan, pero es cierto que con él se fue una comunidad muy especial, curiosa y que seguro que daría para novelas y películas, si alguno se dedicara a investigarla más de lo que yo lo hice... En los años 80 y 90, por ejemplo (esto lo digo de oídas pues yo no estaba) en el hotel se encontraba prácticamente el único bar de la ciudad, así que había unas noches locas en el lugar, a las que iban estudiantes, pintores y rockeros pequineses, los primeros empresarios occidentales que se aventuraban en China... Eso me hubiera gustado verlo.
En fin, aquella época se acabó, ahora hay extranjeros en cada vez más lugares de Pekín, y cada vez de más distinto pelaje, lo cual es bueno, sí señor.
Pero no olvidemos los tiempos del Youyi Bingguan, que están en los corazones de muchos, incluyendo el mío. Y no sólo por el servicio de habitaciones (que nadie sea malpensado).
¡Roguemos por el alma de aquellas barbacoas en el jardín!

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