
Uno de los primeros viajes que hice por China, hace cinco años, fue a una zona rural de la provincia de Shanxi, en el norte. El viaje estaba organizado por una asociación ecologista, que nos invitaba a ir allí a plantar árboles. No soy demasiado activista de ninguna cosa (casi debería llamarme pasivista), pero me pareció una idea divertida a la par que altruista, así que allí que me fui con varios amigos, entre ellos Raquel la cubana, a la que nombro porque imagino que leerá esto.
El viaje fue muy interesante, por la novedad de ir a ver la China rural -hasta entonces no había visto más que Pekín y otras ciudades- y porque nos hospedamos en casas del pueblo donde íbamos a repoblar, y en esa zona la gente vive en cuevas. No viven como trogloditas (las tienen amuebladas, con paredes encaladas y puertas) pero sus pueblos son muy especiales. Aún hay millones de personas que viven así en la cuenca del río Amarillo. Sus camas son de piedra, y tienen un agujero al pie por el que se ponen brasas, para mantenerlas calientes en invierno.
El pueblo estaba cerca de una ciudad llamada Linfen, por la que pasamos en el viaje de ida y vuelta. La localidad no me llamó nada la atención, pero años después la volví a recordar, porque fue nombrada por un instituto de investigación medioambiental como la ciudad más contaminada del mundo.
¡Qué suerte la mía, para una vez que planto árboles, a los pobres los dejo en el lugar más contaminado del mundo!
Ser la ciudad más cochina del planeta no le impidió en 2005 acoger los premios de Miss Bikini China (gran ocasión para poner en este blog fotos gratuitas de chicas en paños menores, pero la voy a dejar pasar de largo).
Aquí tenéis un interesante pase de diapositivas que muestra brevemente los problemas de contaminación en ese lugar. La verdad es que las imágenes que salen podrían ser de muchos lugares de China (smog, gente con mascarillas, cielo gris...), Pekín incluido.
El principal causante de la contaminación medioambiental en Linfen, y en China en general, es el carbón, que genera el 70 por cien de la energía de China. Es una fuente relativamente sencilla de extraer y barata, pero las centrales que queman carbón para producir electricidad generan dióxido de azufre, causante de la lluvia ácida.
En Linfen ya digo que no me detuve, pero sí he estado en ciudades próximas, como Datong que huelen a polución y parecen cubiertas por polvillo negro de carbón.
Sobre el carbón en China, escribí un poco más en una entrada anterior, a la que os enlazo en menos que canta un gallo.
El smog, esa niebla asquerosa y grisácea, es el pan nuestro de cada día en gran parte de China, también en Pekín. Es esa niebla la que hace que muchos días amanezcan aparentemente "nublados" pero, sorprendentemente, se ve el sol. Un sol naranja, o rojo, al que puedes mirar directamente, porque la capa de mugre hace de gafas de sol.

Por cierto, ayer se informaba de que Los Ángeles es la ciudad de EEUU más contaminada. ¿Sabéis a quién culpan a veces los americanos de ello? A China. Dicen que la contaminación china, arrastrada por los vientos, cruza el Pacífico y llega a la Costa Oeste norteamericana.
China tiene un problema que resolver debido a sus necesidades de energía, pero ¿de qué manera se puede solucionar?
Si lo lográramos, indirectamente lograríamos mejorar el sistema respiratorio de los chinos, y con ello, reducir su costumbre de soltar flemas y escupir, que es una de las cosas que menos gustan a los extranjeros que viven en China. Por cierto, que en Pekín, afortunadamente, cada vez hay menos escupidores...
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