
Reto de hoy: lograr leer el post enterito sin distraerse con las imágenes cambiantes que he puesto de adorno.
Al cabo de unos años en China, uno puede estar un tanto, digamoslo suavemente, saturado de espectáculos tradicionales chinos: la ópera de Pekín, las acrobacias con superdiscos chinos, los monjes de Shaolin rompiendo barras de hierro con la cabeza... Son cosas bonitas, pero sólo las dos mil primeras veces.
Por eso es agradable, de repente, ver algo tradicional pero a la vez nuevo. En mi caso, ayer pude ver por vez primera un breve espectáculo de bianlian, un antiguo arte chino que ya nombraron algunos lectores de este blog en otro post, pero que yo nunca había conocido en primera persona.
El bianlian, que significa literalmente "cambio de cara" es una especie de espectacular truco de magia que sucede en la Ópera de Sichuan, uno de los muchos estilos regionales que tiene la ópera china.
En el bianlian, un actor aparece con una máscara en vivos colores, y como por arte de magia, esa máscara va cambiando, ante los ojos de los espectadores, sin saber muy bien cómo. El actor logra cambiar la máscara en décimas, qué digo, centésimas de segundo, y el ojo humano -por lo menos los dos que me asignaron a mí- no consigue discernir cómo se hace eso.
A veces, el cambio de máscara se produce en el momento en el que el actor pasa fugazmente la mano por su cara, así que uno puede creer que se ayuda de las manos para el cambio mágico... pero en otras ocasiones, el cambio se produce sin que las manos estén cerca, tras un levísimo movimiento de la cabeza. A ver cómo explicamos eso.
La verdad es que es difícil imaginarse esto del bianlian con palabras, así que os invito a que veáis una demostración en estos vídeos youtubescos: voilá, voilá y voilá.
La forma en la que se consigue este espectacular bianlian es, al parecer, uno de los secretos mejor guardados de China, o al menos eso dicen (de todas formas, el hecho de que en el Youtube salgan hasta bianlianes en funciones navideñas de instituto pone algo en duda esta afirmación).
En todo caso, los chinos consideran que el bianlian debe enseñarse sólo a un puñado de elegidos, y a ser posible, sólo a gente de China.
Por ello, el año pasado cundió la alarma entre los chinos cuando aparecieron rumores de que el secreto del bianlian había sido vendido a extranjeros, y para colmo, japoneses (que sería algo así como venderle el secreto de la tortilla de patata a los franceses, es decir, una catástrofe de dimensiones inconmensurables).
No sé si estos rumores de secretos desvelados se confirmaron y si dentro de poco nos vamos a encontrar a Kirai hablando de bianlianes en Tokio, pero en todo caso, si alguno de vosotros está interesado en ver este fenómenal arte y se encuentra en Pekín, le recomiendo que vaya a la tetería Laoshe, muy cerca de la Plaza de Tiananmen, más concretamente en el comienzo del tramo occidental de la calle Qianmen. Pese a la mención en este blog, los dueños de la casa de té todavía no me dan ningún porcentaje de las entradas, cosa que espero se arregle en los próximos días.
El bianlian es sólo uno de los espectáculos de la gala tradicional que hay todas las tardes en el Laoshe, donde la entrada vale entre 100 y 200 yuanes (10-20 euros). No os parezca caro, vale la pena, aunque sea sólo por ver este cambio de máscaras.
Otro atractivo de esa tetería, ya en una vertiente algo más friki, es el hecho de que los muy osados tienen en la puerta una estatua de George Bush, el padre del actual presidente George Bush, tomando té. La razón es que una vez visitó ese lugar, algo que emocionó a los dueños y por ello le inmortalizaron con una estatua a tamaño natural.
Si queréis ahondar más en el bianlian, sabed que hay una película sobre el tema que en su versión originalmente se llama así, "Bianlian", aunque en inglés se tradujo como "The King of Masks". Yo no la he visto, pero después de haber visitado la estatua de Bush la tetería Laoshe me entran ganas de visionarla.

|