 En los últimos meses han aparecido en la prensa numerosas noticias sobre productos made in China supuestamente peligrosos: jarabes para la tos, pastas de dientes, comidas para mascotas...
De todos los incidentes relatados en esas noticias, el más grave ha sido la muerte de más de 100 personas, muchas de ellos niños, en Panamá, por usar un jarabe que contenía dietileneglicol, una palabra que de puro verla en los diarios ya la puedo escribir de un tirón sin equivocarme (algunos la ponen separada y con ies griegas). Esa sustancia al parecer procedía de China y llegó a Panamá con una etiqueta equivocada, en un barco que hizo escala en Barcelona.
No es mi intención bromear con las noticias que sobre estos temas han surgido en la prensa. Se trata de la salud de las personas, algo muy serio, y con eso no se debe jugar. Es bueno que si hay casos así se denuncien, y que a China, por supuesto, se le obligue a respetar las mismas normas sanitarias y comerciales que al resto del mundo, no sólo a la hora de exportar sino en su mercado interior (donde hace unos años también murió gente por consumir jarabe con dietileneglicol).
Sólo me gustaría, desde este pequeño blog, hacer unos breves apuntes que quiero sacar para quedarme tranquilo. Porque, dejando claro todo lo anterior -que todo eso se debe denunciar y que China debe ponerse las pilas en controles sanitarios y competencia más leal- también me gustaría romper una lanza en favor del país donde vivo, y donde consumo alimentos y medicinas esperando que sean buenos. Por cierto, que nunca se me ha indigestado una comida en China, mientras que en España sí.
Muchos productos chinos han ayudado a las economías familiares de todo el mundo, gracias a su bajo precio. Es de agradecer su existencia, por lo menos a nivel de consumidores, que es lo que soy yo. Por eso no me parecería justo satanizar todo lo made in China, y deseo que estos casos aparecidos no lleven a esa reacción. Me parece normal y justo que la gente ahora esté alerta contra los dentífricos chinos o el dietileneglicol, pero espero que no decida boicotear todo lo chino (aparte de que lo va a tener difícil). Un boicot de productos chinos perjudicaría no al Gobierno autoritario de Pekín -que ya buscaría argumentos y excusas ante sus gobernados para que esa medida le fortaleciera en el poder- sino a millones de trabajadores chinos, muchos de ellos pobres.
Además, quiero expresar un deseo: deseo que EEUU no esté usando propaganda para frenar el consumo de productos chinos. Muchas de las noticias sobre productos chinos peligrosos han surgido del Gobierno estadounidense, que está en "guerra comercial" con China en todos los frentes. En las guerras se usa mucho la propaganda -también China a veces pone a caldo los productos estadounidenses, que conste- pero espero que cuando se trata de la salud de millones de personas, nadie se ponga a jugar.
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