
Estos días la actualidad internacional está centrada en las protestas de Myanmar, vecina de China (aunque nos pille lejos de Pekín), encabezadas por los monjes budistas del país. Las protestas, además de esperanzadoras, son realmente bellas, con miles de bonzos con sus túnicas rojas paseando por las calles de la preciosa Yangon, ciudad que tuve el gusto de visitar hace dos años y medio, en un viaje que también me llevó a Mandalay y Bagan.
(La verdad es que "Birmania" y "Rangún" son nombres más evocadores que los modernos de "Myanmar" y "Yangon", pero en fin, todo sea por la corrección lingüística...)
Muchos medios de comunicación de todo el mundo le han llamado a esta protesta, con esa manía de ponerle etiqueta a todo, la "revolución de azafrán", porque supuestamente ése es el color del hábito de los monjes. Imagino que el que ha ideado el nombre debe tener algún problema de daltonismo, porque está claro que los monjes myanmareños visten más bien de color granate (o burdeos, si le quieren dar ese toque literario que buscan).
Esta foto la tomé en Yangon (Myanmar)
Los que visten de azafrán, que yo haya visto, son los monjes de Tailandia y Camboya.
 Ésta, en Chiang Mai (Tailandia)
En los monjes budistas de China (que practican un budismo diferente, el mahayana, frente al teravada del sureste de Asia) predomina también el burdeos, pero no siempre: los monjes Shaolin, por ejemplo, visten trajes azafranados. (Esto me recuerda aquella canción de Un Pingüino en Mi Ascensor que se titulaba Moda y Levitación, sobre un diseñador de moda que revolucionaba los trajes de los monjes tibetanos).
En fin, colores y clichés periodísticos aparte, ójala que las protestas de Myanmar lleguen a buen término y la Junta Militar se vaya del poder que acumula, no sin represión, desde hace 40 años. Dicen que China apoya a los militares, pero no debe ser para tanto: creo que Pekín es muy pragmática y estará, como suele estar, al lado de los que tengan el poder en uno u otro momento.
Es cierto que China ahora mismo tiene muchas inversiones en Myanmar, aprovechándose del bloqueo económico al que el país surasiático es sometido por parte de EEUU y otros países occidentales, pero no creo que a Pekín le perjudicara un gobierno que pusiera en marcha una economía más liberal.
Birmania es uno de los países más bellos a los que he viajado: estaba como detenida en el tiempo, con los hombres vistiendo faldas (longyis, una especie de saris largos) y las mujeres con la cara pintada... Era un país especial, el más diferente que he visto, donde no había casi ni Coca Colas (las vendían en lugares oscuros como si fueran droga, al parecer contrabandeadas de Tailandia).
Gran parte de ese carácter especial de Myanmar se debía a su aislamiento internacional, está claro, por lo que es probable que cuando triunfe la democracia se irá perdiendo poco a poco todo eso, pero así es la vida, y además los habitantes lo están deseando...
Mientras en China la gente está en general satisfecha con su gobierno, o por lo menos lo aguantan con estoicismo y no se quejan demasiado, en Myanmar todo el mundo parecía bastante harto de la situación política y deseaban que sucediera algo. Yo vi allí toques de queda, ausencia total de Internet y una propaganda aún más bestial que la china, por lo que no me extrañó nada el cabreo general.
ACTUALIZACIÓN (29/9/2007): Como veo que hay incredulidad sobre mi teoría de que eso de la "Revolución de Azafrán" lo ha inventado un daltónico, cito aquí lo que dice la Real Academia Española:
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