
En octubre de 2003, el primer astronauta chino, Yang Liwei, dio varias vueltas a la Tierra a bordo de la nave espacial Shenzhou ("Bajel Divino") V, que tenía forma de bombón helado.
Casi cuatro años después, en el pasado mes de agosto, el programa espacial chino reveló que en el aterrizaje de aquella histórica misión la nave perdió contacto con la base y Yang y su nave bombón corrieron un muy grave peligro.
El hecho de que la noticia haya salido a la luz cuatro años después, y que los medios chinos no le dieran ahora demasiada importancia al asunto, muestra el secretismo del Gobierno chino, y más cuando se trata de hablar de fiascos, y todavía más si hay asuntos militares de por medio (el programa espacial chino lo lleva a cabo el Ejército Popular de Liberación). De hecho, es casi un milagro que la noticia se haya sabido.
En fin, el caso es que Yang al final aterrizó sano y salvo (aunque a varios kilómetros de distancia de donde debía haberlo hecho), fue glorificado y condecorado, y en el lugar donde cayó se edificó una estatua, que quizá ahora estaría en otro sitio si la nave no hubiera tenido aquel fallo técnico.
Por cierto, que hay por allí cerca también (en Mongolia Interior, que es una zona poco poblada de China y es donde suelen caer sus naves) otra estatua de la Shenzhou V que me da mucho miedo, parece una nave de la Guerra de los Mundos:  La nave Shenzhou V, o réplicas suyas, se exhiben de vez en cuando en los museos. Yang sigue siendo muy famoso, y llegó a anunciar una popular marca de leche. China ya lleva tres astronautas lanzados al cosmos, y parece ser que el año que viene lanzará su primera nave a la Luna, aunque en esta ocasión no será tripulada.
La propaganda está hablando ya mucho del tema, y ahora se ha sabido que la gente de a pie podrá ir a ver el lanzamiento de esa astronave lunar, aunque eso sí, pagando precios dignos de final de los Juegos Olímpicos. Al final, ¿será todo esto un cuento para ganar pastizabal?
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