La semana pasada, por razones de trabajo, me tocó ir a la ciudad de Tianjin, a 150 kilómetros de Pekín. Tianjin es una ciudad que está demasiado cerca como para ir en avión y demasiado lejos como para ir en auto (cuesta dos horas y media ir y otras tantas volver, y es fácil que en el trayecto se vea algún que otro accidente de tráfico). Siempre que me toca ir allí, voy y vuelvo en el día y acabo molido.

Tianjin es universalmente conocida por ser la ciudad china donde se encuentra la fábrica de Cola Cao. No todas las urbes del mundo se pueden preciar de estar fabricando el alimento de los campeones.
Esta ciudad, apodada a veces "el puerto de Pekín" pese a que está a 20 kilómetros del mar, no es muy conocida por nosotros los pequineses, pese a ser, con 9 millones de habitantes, una de las más grandes del país. Reitero lo dicho, está demasiado cerca y a la vez demasiado lejos. La gente piensa "ya iré un fin de semana", pero al final acaba por no ir nunca.
Tianjin tiene algunas calles con edificios europeos, recordatorio de su pasado colonial, aunque no puedo hablar mucho de ellos, porque nunca los he visto y empiezo hasta a dudar de su existencia más allá de las postales. Sólo puedo contar que la ciudad tiene un estadio de fútbol tremendo -allí vi entrenar al Real Madrid-, un hotel que imita sin complejos al Palacio Ducal de Venecia, un museo de la ciudad ultramoderno y con forma de media luna (o de croissant) y un polígono industrial donde se hacen cámaras Samsung pero no regalan ninguna a los visitantes.
Lo más famoso de Tianjin para el resto de los chinos son sus especialidades gastronómicas. Sobre todo sus baozi, bollos rellenos de carne o verduras, que al parecer fueron inventados en un antiquísmo restaurante llamado Goubuli (que ahora tiene franquicias en todo el país). El nombre de ese restaurante, traducido, significa "no hagas caso al perro", porque su fundador, hace tropecientos años, tenía un perro muy pesado.
Otra comida famosa de Tianjin son los dulces y chucherías, y de ellos, lo más famoso son los "mahua", una especie de churros duros, enormes y trenzados, con una forma tal que así:

La forma de estos mahua (que se podrían traducir un poco cutremente como "flores de sésamo") es arte puro, aunque de sabor, para mi gusto, son un poco aceitosos, y algo duros de roer. Salvando las distancias, me recuerdan en su gran tamaño y complicado consumo a los Adoquines del Pilar (caramelos gigantes que se venden en Zaragoza).
Saludos, por cierto, a los zaragozanos lectores de este blog, ¡que son muchos!
Los tianjineses, no obstante, están muy orgullosos de sus mahua, y hasta hay algún que otro restaurante de la ciudad que los usa como elemento arquitectónico...
Otra cosa que comparten zaragozanos y tianjineses es cierto acento especial a la hora de hablar. Ambas poblaciones tienden a acabar las palabras con un acento muy agudo. Las dos ciudades deberían hermanarse pero ya.
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