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6 de Febrero, 2008
Fantasmas de los Años Lunares pasados, presentes y futuros
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Hoy es el último día del Año del Cerdo, y esta noche centenares de millones de chinos recibirán el Año de la Rata. Desgraciadamente, muchos de ellos lo harán muertos de frío, con velas y mantas, en ciudades que llevan sin electricidad y calefacción más de una semana. Algunos de ellos estarán a centenares de kilómetros de sus familias, durmiendo en los barracones donde trabajan todo el año, porque no lograron un billete de tren en medio del caos que se montó esos días.
No empezará muy bien el año ratonil para muchos chinos, pero bueno, esperemos que cada uno pase la mejor Nochevieja que pueda, con sus familiares cerca o recordándolos en la distancia. Reunirse con la familia por estas fechas es MUY IMPORTANTE para los chinos, y eso que no les ponen anuncios como éstos...
Para mí, ésta es la séptima Nochevieja de Año Nuevo chino que paso en Asia. Por primera vez, repito escenario, Pekín. Después de haber visto los anuncios del Almendro, estoy nostálgico, así que recordaré un poco cómo pasé las anteriores vísperas de año nuevo lunar:
11 de febrero de 2002: Viajaba solo por la famosa y turística Hangzhou (era mi primer viaje fuera de Pekín). Andaba más perdido que un gato en un garaje, y por la noche me dediqué a ver los fuegos artificiales desde la orilla del Lago del Oeste, el principal "monumento" de Hangzhou. Los fuegos decían adiós al Año de la Serpiente y saludaban al del Caballo. A mi lado se sentaron tres chavales chinos, emigrantes, que se lamentaban de no tener dinero para poder cenar en un restaurante (a lo mejor querían que les invitara a cenar, pero no caí en ello hasta más tarde).
31 de enero de 2003: También viajaba solo, pero más al sur, en la no menos turística Lijiang, y di la bienvenida al Año de la Cabra con una buena cena junto a otros turistas extranjeros que conocí en ese pueblo: una americana, una eslovaca... Luego fuimos a la plaza principal de Lijiang, donde hay una noria de madera, y nos vimos rodeados de una traca de petardos y otros artefactos pirotécnicos que volaban por todas partes, a los que sobrevivimos de milagro.
21 de enero de 2004: La llegada del Año del Mono me pilló en Hanoi, la capital vietnamita, donde no me libré de las festividades por el Año Nuevo, que allí denominan "Tet". Los dueños del hotel donde me alojaba, un edificio colonial tan bello como bello es todo Vietnam, me invitaron a mí y a otros turistas guiris a bebida, comida (mandarinas sobre todo), caramelos... Esta vez no hubo fuegos artificiales.
8 de febrero de 2005: Igualmente exótica fue la Nochevieja para recibir el Año del Gallo, pues yo estaba en Rangún, la capital de Birmania. Como esa ciudad tiene barrio chino, fui allí a pasar el fin de año, y vi por primera vez -sí, por primera vez- a chinos disfrazados de león bailarín, algo que sale mucho en las películas con chinatowns pero que en la misma China no es tan frecuente de ver. Los leones iban de tienda en tienda, bailando con espasmos, y luego pedían "aguinaldo".
28 de enero de 2006: Viajar en el Año Nuevo chino se había convertido ya en una costumbre institucionalizada, así que el comienzo del Año del Perro estaba yo en Baguio, un pueblo turístico de montaña en el centro de la isla filipina de Luzón. Baguio, lleno de hoteles y chalets alpinos, era una especie de Chamonix -o de Jaca- pero en Filipinas, una cosa que uno jamás pensaría que existe hasta que no lo ve. Recuerdo que me pasé toda la noche buscando una forma de llamar por teléfono a Pekín para que mi entonces novia, que me acompañaba, pudiera llamar a sus padres y felicitarles el Año Nuevo. No lo conseguimos.
17 de febrero de 2007: Por fin pasé un Año Nuevo en Pekín, y esta vez, ya que el año anterior no habíamos podido felicitar a los padres de la citada ex novia, pasamos la Nochevieja en su casa, esperando la llegada del Año del Cerdo. Fue la despedida de año más típica de todas, con banquete, la televisión encendida para ver la gala de fin de año, y una ensordecedora traca de petardos y fuegos artificiales en la calle, que se estaban encendiendo por toda la ciudad y duraron horas (que digo horas, días).
Este año, ya digo que repito Nochevieja, incluso en la misma casa que el año pasado, aunque ya no seamos "familia" propiamente hablando. Pero está bien que me sigan acogiendo en su casa, y que el inicio del Año de la Rata lo pase acompañado. Madre mía, con lo que detesto las Navidades, y sin embargo el Año Nuevo chino siempre lo celebro a lo grande...