
La semana pasada, Steven Spielberg decidía renunciar a su cargo como asesor artístico de los JJOO de Pekín 2008. El cargo era prácticamente simbólico, para que los chinos pudieran decir que Hollywood les había ayudado, pero el tiro les ha salido por la culata.
A la retirada de Spielberg se unieron numerosas condenas internacionales, incluyendo las de premios Nobel, por el apoyo de China al Gobierno de Sudán, donde entre 200.000 y 400.000 personas han muerto en la región de Darfur, debido al conflicto armado entre milicias apoyadas por el gobierno -musulmán- y rebeldes no musulmanes.
China, junto con Rusia -que, misteriosamente, no está sufriendo las mismas presiones internacionales- frenó a la ONU para que interviniera en Darfur. De todas formas, habría que ver si la intervención de los cascos azules habría servido de algo: ¿Sirvió a Ruanda? ¿Sirvió en Bosnia? La ONU siempre llega tarde, y se va cuando las cosas se ponen feas. Entendedme, no estoy en contra de la intervención, pero es un poco inocente pensar que China "impidió que Darfur fuera salvado", ya que probablemente los cascos azules habrían podido hacer muy poco allí.
Otra cuestión es que China le vende armas a Sudán. Malo, muy malo, en efecto. Tan malo como todo el tráfico de armas internacional, que debería ser prohibido, no sólo a China. O que EEUU le venda -y a veces regale- armas de última tecnología a Israel, que comete sus masacres particulares desde hace 60 años en Palestina.
Las llamadas al boicot de los JJOO que las ONG de ayuda a Darfur están llevando a cabo, son, por tanto, muy extrañas. Se dirigen expresamente contra China, olvidando a Rusia. Llegan con bastante retraso, cuando lo peor del conflicto en Sudán ya ha ocurrido y ha muerto, terriblemente, mucha gente. Y llegan principalmente desde EEUU, un país que considera a Sudán desde hace años un sitio "problemático" (recordemos que Bill Clinton ordenó bombardeos en ese país, y que Osama Bin Laden tuvo su base de operaciones en ese lugar en los años 90).
Hay motivos, por tanto, para tener dudas acerca de esta agresiva campaña. Pero es delicado expresar esas dudas: a lo mejor a uno le pueden acusar de estar a favor del Gobierno de Sudán, o de "genocida", o alguna barbaridad similar. Por tanto, creo que tendré que poner bien grande lo siguiente:
El Gobierno de Sudán ha apoyado milicias que han masacrado cerca de 400.000 personas en Darfur. Es un gobierno execrable, al que le deseo lo peor, y todos aquellos que le han apoyado merecen ser juzgados por tribunales internacionales. China y Rusia deberían perder su derecho de veto en la ONU, para evitar que bloqueen intervenciones en conflictos internacionales por el mero hecho de que quieran llevar a cabo contra países tan poco democráticos como ellos. (Para lograr eso, lo mejor es quitar el derecho de veto de todos los cinco miembros permanentes: también EEUU, Francia y Reino Unido).
Bien, como creo que ha quedado bien clara mi posición, continuaré criticando la campaña sobre Darfur. Porque aún hay otra cosa que no me gusta nada: que use los Juegos Olímpicos.
Los Juegos Olímpicos no son de China. Son una celebración internacional, nacida en la antigua Grecia como una tregua olímpica (εκεχειρία) cada cuatro años, en la que se olvidaban las rencillas políticas. Así debe seguir siendo. Se trata de un acontecimiento deportivo, en el que no deben mezclarse otras cosas. Ni China debe introducir en ellos propaganda comunista (es inevitable que algo haya, pero creo que están siendo bastante comedidos en este asunto) ni otros países han de usarlos como arma, ni siquiera para las causas más humanitarias.
China, un país no democrático y con una cuenta de derechos humanos en números rojos, fue escogida para celebrar los JJOO de 2008. Fue una decisión polémica, en efecto. Pero el COI es así. En él votan los miembros de todos los países del mundo, entre ellos muchos no democráticos. Puede ocurrir algo así. ¿Quién se ofrece a hacer de árbitro sobre qué país puede votar y cuál no? China alberga la quinta parte de la población mundial, recibe cada semana a presidentes y primeros ministros de todo el mundo, y su influencia es imparable, no se puede luchar contra los elementos.
En fin, superado el disgusto de la elección china, intentemos sacar algo positivo de estos JJOO. ¿No podrían servir para que China se abra más al mundo? En estos años, China probablemente ha aprendido que si es menos agresiva y más diplomática, si va mejorando su sistema político, tendrá mayor aceptación internacional. El país se ha abierto más al mundo, y con ello llegan más ideas del exterior, ideas que puden cristalizar en una democratización del país, o la reducción de las penas de muerte, o la eliminación de la brutalidad policial. En efecto, eso no va a ser mañana, pero ¿no es mejor la China actual que la de 1995, cuando la gente moría de sida en Henan y nadie decía nada? Ahora para China es difícil hasta ocultar las muertes de pollos en granjas, ¿o no? Quizá no son los JJOO que todos hubiéramos querido, pero pueden, al final, ayudar a traer cambios a China.
Si todo esto no basta para convencer a la gente de que no boicotee los JJOO de Pekín, sólo me queda un as en la manga:
¿No queréis ver como éste se cuelga el oro olímpico?
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