Hace unos días viajé por cuestiones de trabajo a la ciudad de Qingdao, un puerto del Mar Amarillo en el que ya había estado hace cosa de cinco años. Qingdao sigue siendo una de las ciudades más raras y hermosas de China: es una combinación, única en el planeta, de cultura alemana y china, ya que los germanos colonizaron esa ciudad entre 1898 y 1914 y ese tiempo les bastó para construir allí castillos, mansiones y demás edificios al más puro estilo de su país. Después lo colonizaron los japoneses y al final volvió a manos chinas, pero parece ser que el estilo alemán cuajó en todos los que la habitaron, así que la ciudad mantiene su sabor bávaro (o renano, o sajón).
Entre los extranjeros Qingdao no es muy popular, porque ¿quién viaja a China para ver arquitectura europea? Pero es un poco injusto, porque es una de las ciudades más espectaculares del país. Con sus playas, sus colinas en medio de la ciudad, sus rascacielos, sus puertos, su acorazado atracado como museo militar... Todo eso, y las casitas alemanas antes mencionadas. Lo tiene todo para triunfar, pero más entre los turistas chinos que entre los occidentales.
Podría hablar de muchos edificios monumentales de la ciudad, pero sólo mencionaré hoy uno, el Hotel de la Bienvenida (Ying Binguan). Primero fue la casa del gobernador alemán, y después un hotel en el que se llegó a alojar el mismísimo Mao Zedong:
 Hoy en día es un museo en el que se puede uno imaginar cómo era la Qingdao colonial alemana y lo bien que se lo pasaba Mao cuando iba de playa con sus cubos y palas (la habitación donde durmió dicen que está tal y como él la dejó, lo que implica que Mao se hizo la cama antes de marcharse).
Las dos veces que he estado en el Ying Binguan he experimentado un extraño fenómeno: su interior, con sus arcos, sus alfombras rojas, sus lámparas de cristal, sus relojes Siemens y su toque alemán de principios del siglo XX me recuerdan mucho, pero muchísimo, al Castillo de Brunwald, el que sale en Indiana Jones y la Última Cruzada. Pero más que al de la película, al del juego de ordenador homónimo, una de esas aventuras gráficas que nos sorbió los sesos en los años 90.
El Yin Binguan por dentro (izquierda) y el castillo de Brunwald por dentro (derecha)
El exterior del hotel también me recuerda al del castillo de 8 bits, aunque no tanto, más que nada porque uno lo conocí siempre de día y el otro siempre en noche cerrada...
Creo que la visita al Ying Binguan y sus paralelismos con Brunwald -que en realidad me parece que no existe- me acabaron de sorber los sesos en este reciente viaje a Qingdao, porque luego los nazis me perseguían (metafóricamente hablando).
Ved si no lo que vi en un parque de la ciudad china:
Es la primera vez, que yo recuerde, que veo una pintada nazi en China. ¿Será que los neonazis alemanes reclaman la vuelta de Qingdao a manos del Reich? Aunque la verdad es que durante la Alemania de Hitler ya se había perdido este puerto chino...
Pero no acabó ahí la cosa. Después, en una visita a la fábrica de cerveza Tsingtao (la primera que tuvo China, traída precisamente por los alemanes) descubrí otra swastika. Fue en un antiguo anuncio de esa cerveza mostrado en el museo:
 En esta ocasión, los nazis no tenían nada que ver. Esa cruz gamada se puso allí durante la época en que esa cervecera, como toda la ciudad, eran japonesas. Y para los nipones, como para los chinos y otros pueblos asiáticos, la cruz gamada es un símbolo budista, sin las connotaciones negativas que tiene en Occidente.
Que no os llame a engaño tampoco el eslogan del anuncio, "absolutely pure" (absolutamente puro). Se refiere a la cerveza Tsingtao, que usaba agua pura purísima de unos manantiales cercanos.
ACTUALIZACIÓN (28/4/2008): Madre mía, el tren en el que viajé hace unos meses a Qingdao ha descarrilado la pasada noche, causando la muerte de al menos 66 personas... Qué mal rollo.
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