
Una de las cosas que más me sorprenden de mi vida cotidiana en Pekín es lo difícil que resulta, para mí por lo menos, comprar algo tan normal y corriente como es el agua. Cada vez que se me acaba paso por los mismos quebraderos de cabeza, y sigo sin entender cómo se complica tanto un asunto que debería ser puramente rutinario.
Lo primero que hay que decir, para los que no lo sepan, es que el agua del grifo en China no es potable. Es algo que a los chinos no les molesta excesivamente, porque ellos hierven el agua antes de beberla y se la toman caliente, pero para los extranjeros es algo bastante fatigoso. De hecho, cada vez que aterrizo en Madrid, con su deliciosa agua del Canal de Isabel II, una de las primeras cosas que hago es ir a la cocina, ponerme boca arriba bajo el grifo y meterme entre pecho y espalda cinco litros de hachedoso sin vaso ni leches (bueno, estoy exagerando un poco pero es casi como lo cuento).
Para paliar la falta de agua potable en China, una posibilidad es comprar agua embotellada, y otra, mucho más popular, es comprarse un surtidor como los de las oficinas americanas...
 ...y, en vez de comprar agua embotellada, comprarla embidonada.
Como los bidones de 10 litros son algo pesados de llevar en el cesto de la compra, en China hay vendedores de estos bidones que cuentan con repartidores a domicilio en triciclo. Sufridos trabajadores que, cual butaneros, son capaces de llevar dos garrafas al hombro y subir los pisos que haga falta, algo muy importante teniendo en cuenta que en este país hay bloques de hasta siete u ocho pisos sin ascensor (sin ir más lejos, el mío).
 Hasta aquí parece que el problema del agua en casa está solucionado, pero no estaría yo tan seguro. Para mí, por lo menos, los problemas empiezan entonces, o como decía al principio del artículo, cuando se me acaba un bidón y tengo que pedir otro por teléfono.
El primer problema es que muchos de los vendedores de agua no te quieren vender un bidón aisladamente. Para asegurarse el negociete, te obligan a comprar un vale por 10 bidones, que según vas necesitando vas canjeando. Empiezan los regateos...
¿Y qué pasa entonces? Pues que a lo mejor vas a pedir agua y justo la que quieres -no la que quieres sino la que te obligan a querer, porque has comprado un bonoagua de 10- se les ha acabado. Problemón, al menos para ellos. Entonces te preguntan "¿qué marca de agua quiere?" Pero a ver quién es el listo que se sabe marcas de agua de bidón... "¿Font Vella no tienen?" "¿y agua de Solares?".
Entre los problemas de comunicación en chino que tenemos los extranjeros y lo difícil que te lo ponen los aguadores, las conversaciones telefónicas para pedir agua suelen ser las más farragosas del día.
Pero el problema aún no termina... Todavía es posible que el repartidor de bombonas de butano, perdón, de bidones de agua, llegue a tu casa y se niegue a darte el agua que te lleva, porque NO ES DE LA MISMA MARCA que la del bidón vacío (porque esto es como las cocacolas, hay que devolver los cascos). ¿Qué hacer? ¿Sacarse un abono de 10 de todas las marcas de agua embidonada existentes?
En fin, que en China está tan difícil eso de beber agua que dan ganas de pasarse integramente a la cerveza.
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