
Ya sabéis que no suelo escribir los fines de semana, y de hecho hoy sólo lo voy a hacer para efectuar un cortapega.
Corto y pego un fragmento del artículo largo, interesante, moderado, objetivo y ultradocumentado que hoy ha escrito Rafael Poch -corresponsal de La Vanguardia en China- en su Diario de Pekín. Una joya para enmarcar.
Cortopego esto porque sencillamente es lo más real que he leído estos días sobre el Tíbet, y porque ya era hora de que alguien dijera algo así:
La cobertura informativa de la actual crisis, ha contribuido a la incomprensión. Los medios globales tendieron a ignorar el hecho de que el 14 de marzo en Lhasa tuvo lugar un violento pogrom a cargo de tibetanos, que arremetió indiscriminadamente contra personas y patrimonios chinos absolutamente inocentes y sin la menor responsabilidad en los dramas de medio siglo de historia tibetana. Esa jornada de disturbios, en la que murieron más de una docena de peatones y comerciantes chinos, incluidos algunos niños y adolescentes, había sido profusa y detalladamente documentada por turistas occidentales en Lhasa, pero fue ninguneada en beneficio de la represión policial, de las previas manifestaciones pacificas de días anteriores, y de otros aspectos. Carentes de escenas de brutalidad policial –las únicas disponibles eran de vandalismo tibetano, y no interesaban- muchos medios globales ofrecieron imágenes de represión policial de manifestaciones tibetanas en India y Nepal.
La propaganda oficial china se aferró a eso como a un clavo ardiendo para tapar, tanto el origen y motivo del descontento tibetano -una historia con miles de muertos e injusticias-, como la represión, anterior y posterior al 14 de marzo, en Lhasa, y en otros lugares. Según el exilio tibetano esa represión arroja un balance de hasta 140 muertos, 80 de ellos en Lhasa, de los que no hay, hasta el momento de escribir estas líneas, ninguna evidencia documental.
Bravo compañero, a ver si el mundo se entera del grandísimo error que se ha cometido estos días a la hora de contar y entender lo que ocurrió en Lhasa.
Ojalá el Tíbet sea un día libre. Ojalá un día China sea democrática. Pero no podemos mentir, ocultar la verdad o remodelarla para ello. Eso sólo da excusas a las dictaduras para seguir cerradas en sí mismas, con argumentos del tipo "el mundo no nos entiende".
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