Una de las pegas que tiene el idioma chino es que tiene que traducir todo lo del resto de los idiomas a sus propios caracteres. Esta pega se hace especialmente patente a la hora de hablar, por ejemplo, de ciudades del extranjero. Por ejemplo, cuando un periódico español tenga que citar la célebre ciudad polaca de Wzyzjlvytzjitomapanymojy, pues se ponen esas letras y punto, aunque no sepamos como pronunciarlas. Pero los chinos tendrán que averiguar más o menos cómo se lee esa ciudad en su idioma original, y luego pasar cada sílaba a los distintos caracteres chinos. Un incordio, vamos.
Pese a ello, los chinos más o menos ya se han hecho una larga lista de ciudades del mundo. Que si "Lundun" para Londres, "Mosike" para Moscú, "Luoma" para Roma, etc. En general, respetan más o menos los sonidos del original, con alguna excepción. Por ejemplo, Seúl es "Hancheng".
Pero la que probablemente es la excepción más interesante es la de la ciudad estadounidense de San Francisco, que en chino se llama "Jiujinshan".
旧金山
Jiujinshan significa literalmente "Vieja Montaña de Oro". Así es conocida la ciudad californiana entre los chinos, y este mote deriva, cómo no, de la fiebre del oro.
Fue precisamente aquella fiebre la que arrastró a miles de chinos, sobre todo de Cantón, en el sur del país, a emigrar a California en busca de fortuna a mediados del siglo XIX.
Años después, se descubrió más oro en Canadá, Australia... Los chinos también apodaron los lugares de esos descubrimientos posteriores "Montañas de Oro", así que decidieron que California sería la "Vieja Montaña de Oro" porque había sido la primera a la que habían emigrado en busca del preciado metal.
Al final, el término se quedó únicamente para denominar a San Francisco, la ciudad en la que muchos de esos emigrantes chinos se asentaron. Y así, hasta hoy, en que la urbe californiana posee una de las mayores comunidades chinas de Estados Unidos y el Chinatown más famoso de América, con el permiso del de Nueva York.
 Muy pocos chinos que fueron a California se hicieron ricos. La mayoría trabajaban de braceros en las minas u otros lugares, los llamados "coolies".
Para colmo, se encontraron con discriminación e incluso una campaña "anti-coolie" de los europeos que vivían en San Francisco y alrededores. Las leyes estaban contra ellos: por ejemplo, en los tribunales un chino no tenía derecho de acusar a un "blanco". Podéis leer algo sobre esta época en este artículo y en éste, los dos escritos en el idioma de Chespir.
La segregación de los chinos era brutal, hasta el punto de que, en el terremoto de 1906, las autoridades intentaron aprovechar el desastre para echar a los chinos de la ciudad. Se cuenta aquí.
Algo del ambiente de esa época lo podéis rescatar en el libro "Retrato en Sepia" de Isabel Allende, que no es una obra maestra pero es entretenido, como casi todo lo que escribe la chilena.
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