Probablemente la diferencia fundamental entre la sociedad española y la china, la que marca verdaderamente la frontera entre la cultura y el pensamiento filosófico de los dos países, es que en los diarios y revistas del gigante asiático no hay anuncios como éste:
 (Como veis, vivir en China a veces tiene sus ventajas).
Eso no significa que en China no haya adivinadores del futuro, ni gente que se los crea. Simplemente, todavía no han dado el gran salto al márketing de las televisiones locales y las revistas del corazón.
Mucha gente en China es supersticiosa y quiere saber su futuro. Pero cuando surge esa necesidad, en vez de llamar a un teléfono con prefijo en las Maldivas o ir al madrileño parque del Retiro, se van a los templos. Sobre todo los taoístas, ya que, no sé por qué razón, parece ser que sus monjes son mejores adivinando el futuro que los budistas.
Una vez allí, lo ideal es encontrar a un monje capaz de descifrar tu destino en las líneas de tu mano, o en los rasgos de tu cara... Aunque, si uno va con prisas, se puede adivinar uno mismo el futuro, una especie de self service.
Basta con usar el qiuqian (o kau cim en cantonés), un "mágico" cubilete de madera que en su interior tiene unos palos también de madera, similares a los que usan los chinos para comer, sólo que cada uno tiene una frase que servirá para descifrar tu futuro.
El método consiste en menear el cubo lentamente (mucho cuidado: he dicho menear el cubo, no menear el culo) hasta que uno de los palos que sobresalen se caiga.
Más o menos como lo hace a continuación la pizpireta china del vídeo, al ritmo de la música de José Feliciano:
Nótese que la chica tiene que repetir la operación, ya que la primera vez se le va un poco la mano y no le cae un palito, sino dos. Y ya se sabe que todos tenemos muchos pasados, pero sólo podemos tener un futuro.
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