Viviendo en China, he oído mil veces hablar -mal- del templo Yasukuni de Tokio, así que, una vez en la capital japonesa, decidí visitarlo para ver a qué venía tanto revuelo.
 El templo Yasukuni, muy cerca de donde vive el emperador, es un santuario creo que shintoísta -aunque lo de la religión en Japón no lo acabo de dominar- dedicado a los japoneses que murieron en guerra. El problema es que también está dedicado a los nipones que invadieron China, así que a los chinos nombrarles ese lugar es como nombrar a la bicha. Durante años, se formaron unos jaleos monumentales porque el primer ministro japonés lo visitaba, pero la cosa parece haber pasado a un segundo plano porque ya no se hacen esas visitas (imagino que por las protestas de chinos, coreanos y otras naciones que invadió Japón).
El santuario en sí es muy interesante, yo como era el primero shintoísta que visitaba en mi vida me lo pasé bien. Me gustó que no sólo estuviera dedicado a japoneses humanos caídos en guerra, sino también a caballos, perros y pájaros nipones, que también ayudaron al ejército del Sol Naciente y también murieron con las botas, o pezuñas, o cascos, o garras, puestas.
Hay que decir que el museo que se encuentra junto al templo, en el que se cuenta la historia del Japón moderno, es cuando menos... polémico. En él se cuentan cosas que si los chinos las leyeran, se pondrían furiosos. Por ejemplo, cuando toca hablar de la matanza de Nankín (1937, cientos de miles de civiles chinos muertos en la conquista japonesa de la entonces capital de China) los carteles del museo no sólo no dicen nada del número de muertos, sino que dicen nada más y nada menos que "los soldados japoneses tuvieron que combatir a soldados chinos que se estaban disfrazando de civiles". Menos mal que los carteles sólo están en japonés e inglés, porque si además los pusieran en chino, la que se armaría...
Bueno, comparando lo que se cuenta en ese museo con los museos "antijaponeses" de China, se podría decir que estamos ante dos versiones muy distintas de la Historia. Algo así como la que cuentan hoy día los tibetanos y los chinos. Yo ante esas cosas, me creo la mitad de lo de unos, la mitad de los otros, y me cabreo con los bárbaros que intentan apagar antorchas olímpicas con extintores.
En fin, no voy a hablar hoy de Tíbet porque es un tema que me solivianta. Estaba hablando del Yasukuni... Bueno, pues decir que el templo a veces es frecuentado por ultranacionalistas japoneses (creo que como los de la foto de abajo, pero si alguno de ellos se siente ofendido que me lo diga y le retiro la instantánea):
 Por lo demás, es un templo muy animado, con cerezos en flor estos días, e interesante para ver cómo piensan algunos en "el otro lado". En la entrada, como en tantos templos japoneses, hay puestos de comida, pinchitos y dulces. Una gran idea que los chinos ya están tardando en copiar.
De postre, al lado del santuario está el Budokan, estadio de artes marciales que se construyó para el judo en los JJOO de Tokio 64.
Dice Wikipedia -lo que sabe la tía- que el primer concierto de los Beatles en Japón se dio allí, entre grandes protestas de muchos que pensaban que el Obladí Obladá le iba a quitar la atmósfera sagrada que se requiere a un lugar dedicado a las artes marciales.
A mí, sobre todo, el Budokán me trajo recuerdos de aquel juego homónimo y mítico, que tanto recuerdo estos días paseando por Japón (ése y el Shinobi, por supuesto).
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