Lo del título es de bromas, pero es que cuando le hice la foto al monte Fuji, en el tren que iba desde Tokio a Kioto, lo pillé justo con una nube encima que hacía parecer lo que no era:
No debe olvidarse que el Fuji, la montaña más famosa de Japón, es un volcán, y además un volcán activo, aunque por lo visto hay pocas posibilidades de que erupcione, o erupte, o como se diga.
El Fuji, nevado y descomunal, lo vi sentado en el "tren bala", el Shinkansen. Entre el montecito y el tren, la estampa no podía ser más japonesa. Pero justo entonces tuve uno de esos momentos reveladores del gran parecido entre China y Japón, de los que hablé en un reciente post.
El caso es que iba yo montado en el Shinkansen, uno de los trenes más modernos y rápidos del mundo, cuando de repente...
"¡Café, leche, galletas, magdalenas!"
Una revisora, con un carrito, pasó por el pasillo del vagón ofreciéndonos desayuno, bebidas... ¡exactamente igual que en los trenes chinos! Bueno, igual igual no, porque la revisora japonesa no ofrecía garras de pollo guisadas, como hacen a veces en los trenes chinos.
Pero en fin, una vez más, se confirma la frase con rima: China y Japón se parecen un montón.
Y con esto, doy por terminada la serie de posts sobre tierras japonesas. Digo adiós, o hasta pronto, a Japón -aunque la verdad es que ya llevo en Pekín tres días- y me pongo a lo mío, que es hablar de la República Popular -bueno, últimamente impopular- China.
ACTUALIZACIÓN (Al día siguiente): Jope, qué casualidad, Kirai en su blog habla también de nubes sobre el monte Fuji (poniendo una foto que, desde luego, es mucho más espectacular que la mía).
|