
Hoy, la web de El País ha abierto a comentarios su noticia diaria sobre el terremoto de China. He escrito hace 10 minutos un post sobre esos comentarios, pero he decidido borrarlo, porque era un poco, ejem, exaltado.
Como diría Jose Luis Garcí, habrá que volver a empezar.
Uno de los comentaristas de la noticia del País, que firma AMS, dice lo siguiente:
Con todo el respeto a las victimas, ¿somos concientes que el estado chino está comprando/ocupando el mundo occidental, con nuestro propio dinero?
Es comprensible que los negocios españoles se vean amenazados por la entrada de inmigrantes chinos, pero hay que tener cuidado con acusaciones así. No me gusta comparar a nadie con el nazismo -otros, en cambio, lo hacen a menudo con China-, pero tengo entendido que los nazis también decían que los judíos iban a invadir la economía mundial...
Por otro lado, imaginemos qué nos hubiera parecido si, por poner un caso, la gente de países latinoamericanos hubiera aprovechado el 11-M para hablar de la imposición de las empresas españolas en Latinoamérica.
Otro de los comentaristas, que dice ser Confucio, dice lo siguiente:
Perdona que no pueda complacerte en lo de no hablar mal de tu gobierno (el chino), pero me parece el más retrógrado del planeta Tierra. Eso sin contar la indignación que me produce, además, que el pueblo chino no lo haya derrocado en tanto tiempo (me parece cosa de masoquistas).
A Confucio, sabio filósofo oriental, le podríamos responder que España tampoco derrocó al franquismo, este murió en la cama, mientras mejoraba la economía y la apertura al exterior del país. Por otro lado, no sé si es muy masoquista un chino que en 1990 se veía viviendo en 10 metros cuadrados y comiendo arroz todos los días, y ahora se ve en una casa de 60 comiendo carne. ¿Falta de libertad de prensa? Pues sí, pero primero vamos a comer bien, ¿no? Además, en España tampoco hay total libertad de prensa total, díselo a los de El Jueves.
Otro señor, que se identifica como OtroMundoEsPosible, señala lo siguiente:
Tampoco se profundiza en el hecho de que se hayan caido edificios como escuelas, universidades y hospitales y los edificios que representan el poder se hallan (sic) mantenido en pie.
La respuesta para este comentarista con nombre de ONG es que China ha iniciado una investigación para intentar acabar con la corrupción que hay a la hora de licitar construcciones. Una corrupción, la inmobiliaria, que en España nos es muy familiar. ¿Nos suenan la aluminosis, el 3 por ciento, el socavón de Barcelona, Marbella, la playa sin vistas? Otro mundo es posible, pero igual en ése también hay la misma corrupción, o más.
Por su parte, Sirinoque asevera lo siguiente:
Estas dictaduras juegan con el pueblo a su antojo, igual que los birmanos no admiten a todos los paises que quieren llevar recursos para salvar a los supervivientes.
Pues China ha admitido todas las ayudas que ha podido, incluida la española. De forma yo diría que sorprendente, ha abierto las zonas devastadas a la prensa internacional (yo he visitado algunas, y lo único que me dijeron los soldados es que tuviera cuidado, después de darme una mascarilla y un botellín de agua). China no es Birmania, aunque muchos medios las coloquen juntas con argumentos simplistas.
Por otro lado, respeto la decisión de El País de publicar ciertos comentarios y no otros (a mí muchas veces no me los publican, aunque he de reconocer que soy un renombrado astroturfero). Pero me gustaría saber si el periódico permitiría comentarios de este tipo hacia gobiernos y pueblos de los países árabes y africanos, a los que la "Alianza de Civilizaciones" parece haber llegado, mientras que China ha perdido, por lo visto, ese tren.
Tras mi visita a ese infierno que es el norte de Sichuan, saqué algunas conclusiones:
- Los chinos, del gobierno y fuera de él, están sudando sangre para salvar a los atrapados y llevar la ayuda humanitaria que necesitan. La labor es encomiable, no creo que un país desarrollado lo pudiera hacer mejor con las condiciones que se presentan (zonas aisladas, pobres, etc).
- La sociedad china ha demostrado unos niveles de solidaridad increíbles. Miles de personas van con sus autos llenos de comida y agua a Sichuan para darles eso, y lo que haga falta, a las víctimas. Es emocionante, un país que se ayuda como si fuera una familia. Tampoco sé si en España habría un éxodo de voluntarios como éste.
Damos lecciones a China, pero, ¿y si a lo mejor también ella nos las diera a nosotros?
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