
Desde el 1 de junio, China ha limitado al máximo la circulación de bolsas de plástico. Las extrafinas las ha prohibido, y el resto ya no son gratis: el supermercado o tienda de turno las cobra, como si China entera fuera ahora un supermercado Día.
Esta ley, que en China ya nos llevaban anunciando desde hace varios meses, era la típica que uno piensa que en realidad no se va a cumplir. ¿Quién va a ocuparse de controlar todos los establecimientos del país? En China se usan -agarraos al asiento- tres mil millones de bolsas de plástico al día, ¿las iban a quitar todas de un plumazo?
Bueno, pues yo ya he podido comprobar que la cosa va en serio. Sin ir más lejos, en la tienda de debajo de mi casa, un 24 horas donde me nutro de yogures, frutos secos y alimentos menos sanos. Ayer, después de comprar unas cuantas cosas y pagarlas, noté que faltaba algo en el ritual comercial y me quedé mirando a la tendera, como diciendo: "¿Y la bolsa?". "No hay bolsa", me contestó ella en perfecto mandarín. En esa tienda ya no las hay, ni gratis ni pagando.
Va a haber que regresar al carro de la compra tradicional, objeto que, dicho sea de paso, no se ve mucho por China...
 O mejor, buscarse un buen carrito de madera, objeto éste que sí suele abundar en este país. En Pekín es muy frecuente ver a ancianos paseando con carros de estos cargados con sus cosas (a veces vacíos, pues me da que los usan más como andadores que como método de transporte).
Por cierto, no sé si esta nueva directiva va a afectar o no a una curiosa costumbre que se da en la ciudad de Qingdao, la cuna de la cerveza china: allí es muy normal que esa cerveza no se venda en botellas ni en barriles, sino en bolsas. ¿Qué ocurrirá ahora?
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