
Durante mi estancia en España, aprovecho para ver películas en el cine, uno de los placeres que me pierdo cuando estoy en China. En una sala vacía cual desierto de Atacama asistí a la proyección de La princesa de Nebraska, una película del director chino-americano Wayne Wang sobre una china de Pekín que se va a Estados Unidos.
Mi ex novia -china- se fue a vivir a Estados Unidos hace año y medio, así que el tema me interesa bastante y en cierto modo de forma personal, así que fui a ver el film, pese a que Wayne Wang me parece un poco pelma. Además, en mi jitpareid Pongamos que hablo de Pekín uno de los versos dice "las chinas ahora quieren ser princesas", así que me pareció una curiosa coincidencia con el título de la peli.
La película en sí me aburrió mucho: el argumento era soso, y el ritmo muy lento. Pero hay que reconocer que me pareció soberbia la forma en que retrata a la protagonista, encarnada por la actriz Ling Li (que creo que es también chino-americana, aunque su ficha en IMDB no nos lo revela).
La protagonista (que se llama "Sasha", pues muchos chinos se ponen nombre extranjero al estudiar otros idiomas o al emigrar) se pasa la película mandando mensajitos al móvil, probándose modelitos en tiendas, y su vida parece algo vacía (de ahí el vacío argumental, ergo el aburrimiento del espectador). Es adulta, y tiene problemas de adulta -está embarazada de un homosexual, al más puro estilo Almodóvar- pero tiene rasgos de niña, como ese cuaderno en el que pinta corazoncitos y príncipes azules. No sé si el vacío de su vida -en China y en EEUU- es el que le ha creado cierta ansiedad, que hace que de vez en cuando cometa locuras, como largarse de una cena con desconocidos insultando a varios de ellos, o hacerse pasar por prostituta en una fiesta.
No todas las jóvenes chinas son así, está claro, pero creo que hay muchas de ellas que coinciden en algunos de estos puntos. Mi ex novia también, aunque no es un personaje tan oscuro como Sasha. Parecen ser fruto de una sociedad que ha avanzado económicamente, pero no ha mejorado otras cosas. Ellas tienen el dinero y las comodidades con las que soñaron sus míseros padres, abuelos y bisabuelos, pero no se sienten felices. Sienten una especie de vacío existencial. La princesa de Nebraska está triste, ¿qué tendrá la princesa? Ésa es la pregunta que imagino que hay que hacerse en China.
La escena que más me gusta en la película es cuando -como he mencionado antes- la chica se larga de una cena cabreada con el resto de invitados, a los que acaba de conocer. La espantada se produce porque ellos empiezan a hablar del héroe de Tiananmen y le dicen a Sasha que seguramente ni ha visto la famosa foto, un ejemplo para demostrarle que ha vivido engañada por su gobierno.
Yo, después de siete años en China, comprendo por qué los chinos se enfadan cuando los extranjeros los acusan de vivir engañados, o autoengañados. Creo que la información que en general se hace en Occidente sobre China, aunque sea verdad y sea necesaria, produce en quienes la recibimos una sensación de que ese país es un infierno invivible. Y no lo es.
Cuando vas a China, la sensación es completamente diferente. En algunas cosas, China es más libre que España (por ejemplo, parece haber muchas menos convenciones sociales, y menos temor al "qué dirán"). ¿Quién es el que está engañado o autoengañado? A lo mejor los que vivimos en una caverna platónica somos todos, chinos y occidentales...
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