Estoy de vuelta en Pekín, después de un mes de vacaciones en España en el que he estado básicamente haciendo el vago. Pero mientras yo me sentaba en el sofá para ver toda la tele española que no podré ver el resto del año, en la capital china se han dedicado a trabajar a lo bestia en los preparativos para los Juegos Limpicos, así que al volver me he encontrado la ciudad muy cambiada.
Algunos de los cambios que se ven a simple vista:
- Banderitas de los Juegos Olímpicos por todas partes: ah, y también vallas con logos olímoicos para tapar cosas feas. Desde el aeropuerto hasta prácticamente mi casa, toda la carretera estaba flanqueada cada dos o tres metros por banderas de los JJOO y de Pekín 2008, mientras que con las vallas se han tapado solares de obras, pasos elevados y demás lugares poco atractivos.
- Flores de colores por dondequiera que vayas: el 1 de octubre, en la plaza de Tiananmen, se hacen enormes estatuas de flores. Esta tradición jardinera se ha extendido esta vez a julio y a todos los parques, plazas abiertas y otros espacios de la ciudad. Al lado de mi casa, por ejemplo, me han colocado unos setos con almenas que imitan la muralla de China, rodeados de luces de neón y margaritas.
- Voluntarios olímpicos casi hasta en tu casa: son muchísimos, muy jóvenes, imagino que no cobran nada y llevan gorras blancas y chaquetas (con este calor) blanquiazules. Regulan el tráfico, tienen mostradores de atención en el metro... Han tomado la ciudad.
- Menos coches, porque así lo manda el Ayuntamiento: desde hoy, en los días impares sólo pueden circular los autos cuya matrícula termine en número impar, mientras que los días pares son para las matrículas divisibles por dos, así que se ha reducido el tráfico bastante. Eso no está mal, pero el metro está lleno hasta reventar, y encontrar taxi a ciertas horas se antoja imposible.
- Más líneas de metro, aunque a mí no me sirven de mucho: no una ni dos, sino tres, son las nuevas líneas que en los últimos días se han inaugurado en Pekín, entre ellas una que va al aeropuerto y otra que lleva a la Ciudad Olímpica. Yo me enteré tarde de la novedad, y fui a casa desde el aeropuerto en taxi, como los toreros.
- Más censura en la Internet: no todo iba a ser bonito y esplendoroso: mi ordenador va fatal, de hecho no sé si voy a poder mandar lo que ahora mismo estoy escribiendo, y otros compañeros se han quejado de lo mismo. No sé si se debe a problemas técnicos o paranoicos, pero el caso es que navegar por la red está más que complicado en muchos computadores.
En fin, pese al último punto, lo cierto es que ver tantos cambios en la ciudad -que, eso sí, sigue teniendo el mismo verano húmedo y pegajoso de siempre- me ha animado bastante, por lo que este año la vuelta de las vacaciones españolas ha sido para mí menos traumática que en veranos anteriores.
Será que en el fondo tengo ganas de ver las Olimpiadas, que en España, por cierto, parecen estar algo olvidadas: apenas se habla de ellas en los medios (sólo cuando la información que se da sobre ellas sirve para criticar a China). Resignación, caballeros, no van a ser los JJOO más populares, pero a nosotros plim.
Ah, como es tradición en este blog después de unas vacaciones en España (se puede ver en los enlaces que he puesto antes) voy a poner una foto de camareras chinas de la cadena de restaurantes Hooters. Cadena famosa por la belleza y pechonalidad de sus camareras, que en unos pocos días va a abrir su primer restaurante en Chengdu, la capital de Sichuan (será el quinto en China). Yo he vistado un par de veces el Hooters pequinés, y, aparte de frustrarme porque la más guapa de todas nunca sirve en mi mesa, he notado que todas las camareras son bastante bajitas y miden prácticamente lo mismo. ¿Será obligatorio por contrato no pasar de metro y medio?
 Las chicas Hooters de Pekín, en la Gran Muralla, con unas compañeras de EEUU (que, por lo que se ve en la foto, también deben ser algo retacos).
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