 Bueno, que no se diga que me olvido de los Paralímpicos. Ayer por la noche se inauguraron, con otro espectáculo en el Nido de Pájaro que se pudo ver en la televisión china, pero no sé si también en las de otros países (una pena porque fue digno de ver). Coreografías de colores, lotos y flores de melocotonero surgiendo de la pista, miles de niños y artistas, fuegos artificiales que ni los de Gandalf... puro arte de Zhang Yimou, que vuelve a doctorarse como rey del espectáculo.
El momento de mayor emoción, para mí gusto, fue cuando una niña de la zona del terremoto de Sichuan, Li Yue, bailó en silla de ruedas en el escenario al ritmo del Bolero de Ravel. Li, de 11 años y alumna de ballet, perdió su pierna izquierda en el terremoto. A su alrededor, unas bailarinas de la Compañía China de Artistas Discapacitados seguían el ritmo de la música, pero no con las piernas sino con los brazos, creando un efecto impresionante. Espero que a esta niña sí me la dejen tranquila los aguafiestas de turno...
 Igual de emocionante fue todo lo que rodeó a la antorcha paralímpica. Me encantó cuando, en uno de los relevos, la atleta china, que era ciega, no conseguía atinar para encender su antorcha con la del anterior relevista, un atleta con protesis en una de sus piernas. Entre la tensión que imagino debe significar ser visto por 90.000 personas, el relevista de la prótesis no se lo pensó dos veces y le dio su antorcha, ya encendida, a la chica, intercambiándosela por la que ella no había podido encender. Me pareció todo un símbolo de que hay que ayudarse, vencer las adversidades e improvisar soluciones. A la chica se la vio muy emocionada -y quizá algo triste por su "fallo"- durante sus segundos de protagonismo, pero que sepa que su actuación fue muy hermosa.
Poco después, el último relevista, Hou Bin, iba a ser el encargado de encender el pebetero, desde la pista hasta lo alto del estadio, 60 metros más arriba. El enigma era, una vez más, cómo iba a llegar hasta allí: hace un mes, en el inicio de los Olímpicos, Li Ning voló hasta el pebetero, con la ayuda de efectos especiales... Pero Hou no tuvo esa efectista ayuda: tan sólo una cuerda con polea. Hou se ató a la cuerda y, tirando poco a poco, se subió a sí mismo con silla de ruedas y todo, hasta la base del pebetero. Su cara de esfuerzo lo decía todo. Otro gran símbolo: los Hou Bin del mundo lo tienen más difícil que los Li Ning, pero cuentan con su esfuerzo y su voluntad.

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