Como mi anterior post ha registrado un gran número de comentarios, he decidido continuar hablando de los grandes ejes de la ciudad de Pekín. Ayer mencioné el eje este-oeste, así que hoy me decantaré por el norte-sur, pintado de rosa en el siguiente mapa.
A diferencia del eje horizontal mencionado ayer, el vertical no es una calle. Es simplemente una línea imaginaria, que a veces coincide con avenidas, otras con callejuelas, en ocasiones con plazas y en algún que otro momento atraviesa de parte a parte una vivienda o un kiosko de periódicos.
Sin embargo, simbólicamente, el eje vertical es mucho más importante que el este-oeste. Obedeciendo a misteriosas leyes de la geomancia china y el feng-shui (filosofías de las que sé un gran número de cosas), los grandes arquitectos chinos en la historia, la de antes y la de ahora, decidieron que esa línea era una especie de alma de la ciudad, y por tanto en ella debía concentrarse todo lo importante, o casi todo.
Por tanto, nos encontramos con que en esa línea imaginaria se concentran varias de las cosas más estratégicas de la ciudad, a saber:
- La plaza de Tiananmen (y en el centro de ella, el cadáver de Mao Zedong). - La Ciudad Prohibida, palacio imperial. - Las torres del Tambor y de la Campana, de gran importancia antiguamente porque marcaban las horas, eran los Big Ben de Pekín. - Y, como no, la zona olímpica, pues el eje pasa justo entre el Nido y el Cubo.
 Gentileza del señor Guguelmaps
Además, la línea recorre la calle comercial más concurrida en la época imperial, la avenida de Qianmen, justo al sur de Tiananmen. Esta calle es una de las más tradicionales de la ciudad, y es bueno mencionarla porque tras más de un año cerrada por obras ha sido restaurada, reabierta, peatonalizada y redescubierta. Con el comienzo de los JJOO se inauguró su nuevo aspecto, pero yo hasta esta semana no la había podido ver:
 Al fondo, la puerta de Qianmen, extremo sur de la plaza de Tiananmen.
La verdad es que la calle ha ganado muchísimo, ha recuperado el sabor de antaño y además creo que ha sido muy bien restaurada, cosa que desgraciadamente no siempre pasa con este tipo de proyectos en las ciudades chinas. Lo mejor, para mi gusto, es que cada edificio es diferente al de al lado, no se ha tratado de hacer, como otras veces, una sucesión de pabellones chinos totalmente iguales unos a otros. El aire que tiene, con ladrillos grises y algún detalle europeo, es del Pekín de principios del siglo XX. Aunque he de decir que la calle sólo la he visto de noche, y que me dicen que de día pierde algo de lustre.
También hay que señalar que la gran obra de restauración no se ha hecho a gusto de todos, pues mucha gente que vivía allí ha perdido sus hogares y no les han dado las indemnizaciones que querían. El tema es delicado, hasta hubo hace unos días una protesta en la calle por este tema.
La calle tiene mucha historia, pues desde hace más de 500 años es una de las principales vías comerciales de la ciudad. Hubo un tiempo en que los chinos sólo podían llegar hasta allí y no podían subir más al norte, donde estaba el recinto palaciego de los emperadores.
 Foto Polaroid de la calle Qianmen hace unos siglos
En consecuencia, allí y en las calles aledañas se acumulaban los restaurantes, las tiendas, y los burdeles. De aquellos tiempos queda todavía el restaurante de pato laqueado Quanjude, de más de 300 años, donde llevan a comer a Bush o a Putin cuando vienen de visita oficial. Y me callo ya, que parezco una guía turística.
|