
Este fin de semana asistí por primera vez a un funeral en China, por la memoria del padre de mi amigo Huang, el artista. Su padre estaba enfermo de Alzheimer desde hace tiempo, ya no reconocía a nadie el pobre, y falleció el 4 de septiembre. Espero que Huang no se moleste por que trate un poco este triste asunto en el blog, creo que hay puntos interesantes en el tema y en el fondo es una forma de recordar y homenajear a ese buen señor.
Una cosa curiosa es que Huang tardó 10 días en comunicarme la muerte de su padre, pese a que en ese tiempo hablamos por teléfono en alguna ocasión y yo siempre le preguntaba por la salud de su progenitor. Este punto es interesante porque creo que Huang no es un caso aislado: muchos chinos no cuentan inmediatamente a sus amigos, incluso a los buenos amigos, cosas como la muerte de un ser querido o incluso acontecimientos más alegres como su boda o el tener un hijo. Los chinos se toman su tiempo para hacerlo, a lo mejor te lo cuentan semanas o meses después de ocurrido, y a nadie le parece raro.
Al padre de Huang no lo conocí personalmente, sólo en alguna conversación telefónica. Una pena, porque por lo visto era una persona bastante interesante. De joven vivió en Singapur, como muchos chinos del sur, pero, sorprendentemente, decidió volver a China en los años 50 o 60 para unirse a la revolución comunista. Renunció por tanto a vivir en uno de los lugares más limpios, ordenados y desarrollados de Asia para luchar por Mao. Cosas que tiene la vida... Por lo que cuenta su hijo, no se arrepentía de la decisión, aunque quizá en el fin de sus días le hubiera ido mejor vivir en Singapur, con un sistema de salud mucho mejor que el chino.
Y es que en los últimos meses, el padre de Huang estaba ingresado en un hospital que, como tantos en China, se tenía que pagar él y la familia, y encima a precios dignos de hotel de lujo. El hecho de que la sanidad sea de pago y carísima, uno de los problemas más gordos que tiene el país asiático ahora mismo, crea a veces la penosa y triste situación de que muchos chinos, al enfermar un familiar, están más preocupados por el dinero que sale en hemorragia de su casa que por la salud del ser querido.
Respecto al funeral en sí, al que asistí el domingo, no se trataba de un entierro con el fallecido de cuerpo presente, sino de una ceremonia de homenaje en plan budista, ya que el amigo Huang se está volviendo bastante creyente en los últimos años (en cambio, sus familiares más mayores no son religiosos).
La ceremonia en realidad era para muchas personas que habían perdido familiares en los últimos días y habían encargado a los monjes de un pequeño templo del centro de Pekín que rezaran por ellos. Allí se congregaron un centenar de personas, cada una con su desgracia, y muchos de ellos llorando a lágrima viva, era un cuadro bastante triste.
Yo, aunque no creo en el budismo (y eso que me encantaría reencarnarme), seguí por respeto el ritual, imitando lo que hacían todos los que me rodeaban. En realidad era fácil: se trataba de pasarse hora y media con las manos en posición de rezo, y de vez en cuando postrarse en el suelo como hacen también los musulmanes cuando uno de los monjes nos gritaba: "¡De rodillas!". Durante esos 90 minutos los feligreses cantaron mantras budistas sin parar en ningún momento, ahí yo ya no podía seguirles porque sólo conozco el mantra "a-mi-tuo-fo" que creo que es el nombre en chino de uno de los budas más venerados.
La verdad es que no estuve toda la hora y media de la ceremonia, porque tenía otros compromisos ineludibles, pero me quedé maravillado de ver cómo los chinos pueden estar tanto tiempo con las manos unidas en posición de rezo. A mí cada poco rato me empezaban a doler por estar todo el rato en la misma postura y tenía que descansar un poco, lo cual no le molestó a la gente. Es increíble cómo los músculos de los chinos parecen inmunes al dolor de las malas posturas, incluyendo la de estar sentado en cuclillas durante horas.
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