Como de la nada, se levantó en los últimos meses este edificio enfrente de mi oficina, que de día resulta de lo más anodino...
Sin embargo, por la noche se transforma en un edificio como de tebeo, con cada ventana de un color, tal que así...
Me ha costado meses enterarme de la presencia de este variopinto edificio, porque cuando salgo de la oficina no me pilla en la dirección a casa sino en la contraria. Pero en cuanto he reparado en su presencia me he lanzado a hacerle fotos.
Todavía me ha costado más enterarme de que se trata de un hotel, y que encima tiene un nombre parco y curioso: Hotel G. Sí, G como el punto. ¿Lo conocerán ya los taxistas? Con un nombre tan corto no será fácil explicárselo en mandarín al conductor.
No he preguntado precios en recepción, pero me parece que no debe ser muy caro, sobre todo teniendo en cuenta que tu habitación puede estar en el interior iluminada como una discoteca. Una disco monocolor: verde, roja, amarilla, morada o verde, según la ventana que te toque.
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