
Llegas a China por primera vez. Pekín te sorprende, la vida allí parece mucho mejor de lo que te esperabas. La gente además es mucho más simpática de lo que se dice en España, no son ni tan cerrados, ni tan tímidos... A la gente se la ve relajada, intentando ser feliz, y no siempre lo consiguen, pero el panorama general parece positivo. La primera impresión es buena.
Al cabo de unos días, se lo comentas a alguien que lleva más tiempo que tú aquí, y te contesta:
- Llevas poco tiempo en China. Aún no puedes juzgarla...
Pasa el tiempo... Has viajado por el país, has visto los sitios turísticos pero también algunos pueblos pobres, lugares más olvidados, hasta terremotos... Has comprobado, en efecto, que los chinos a veces son muy infelices. Has vivido momentos difíciles, como el pánico por la epidemia de SARS, el enfado por el tema de la leche adulterada... Pero de todas formas, conservas una visión positiva del país, la gente parece esperanzada en un mañana mejor, y a veces entiendes en cierto modo por qué la gente piensa o actúa de forma diferente a como tú lo harías. China sigue siendo, al cabo de todo ese tiempo, un país mejor de lo que pensabas antes de llegar. Sigue habiendo más luces que sombras, aunque también haya sombras.
Al cabo de unos días, se lo comentas a alguien que lleva menos tiempo que tú allí, y te contesta:
- Llevas demasiado tiempo en China. Ya no puedes juzgarla...
|