
Aquellos que estéis viviendo en Pekín, seguramente estaréis sufriendo el duro trance de tener que despediros de mucha gente que se va de la ciudad para siempre. Estaba cantado: después de los Juegos Olímpicos, muchos tenían previsto marcharse, y así lo han hecho. Algunos ya querían hacerlo antes, pero decidieron esperar a ver cómo era eso de vivir en una ciudad olímpica, y ahora que terminaron los festejos, ya no hay excusa. Se marchan, adiós, fue bonito mientras duró, al otro lado del mundo también les espera gente.
Cuando se vive en China unos años uno se malacostumbra un poco a estas partidas, pero la verdad es que el fenómeno es especialmente duro -y triste- esta vez, en este otoño. Llega el frío, la ciudad se vuelve "normal" tras años de excitación olimpiádica, y ahora encima mucha gente que formó parte de nuestra vida cotidiana se despide forever, en mucha más cantidad que otros años... Siempre queda el email, el Facebook y las quedadas en Madrid, pero ya se sabe que no es lo mismo.
En fin, con este sentimiento de último capítulo de Verano Azul, yo, que odio despedirme de la gente, y de hecho me he despedido de muchos con un "ya era hora de que te largaras" o con un "vete al carajo", quiero homenajear a todos los que se fueron, se están yendo o se irán.
Y lo haré con unas imágenes muy cursis de gaviotas rafaelalbertianas, pero sobre todo con la que considero desde hace muchos años la mejor canción en chino mandarín. No sólo porque suene como pocas canciones suenan, también porque es una melodía que habla del agridulce placer de viajar, un placer que tiene el horrible inconveniente de que al hacerlo hay que partir.
La canción se llama "El olivo", y tiene una bonita historia detrás, una historia en la que un español es protagonista (no fue casual la elección del olivo, tan poco chino, para titular esa canción). Pero no os cuento la historia porque ya lo hice una vez. En lo que no tengo inconveniente es en volver a poneros otra vez la traducción de su letra:
No me preguntes de dónde vengo, mi casa está muy lejos... ¿Por qué te vas tan lejos, tan, tan lejos?
Por los pequeños pájaros que vuelan en el cielo, por el arroyo azul que fluye en la montaña, por las anchas y verdes praderas, voy, voy muy lejos...
¿Hay algo más? Sí, por el olivo de mis sueños. No me preguntes de dónde vengo, mi casa está muy lejos...
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