
En los últimos años, justa o injustamente, los españoles hemos adquirido ante el extranjero fama de racistas. Incidentes como los insultos de Luis Aragonés a Thierry Henry, los ataques a Hamilton cuando corría en Montmeló, la famosa foto de los jugadores de baloncesto achinándose o el reciente cierre del Calderón por insultos racistas han añadido más y más sal en la herida. En la prensa anglosajona no hay ninguna duda: somos muy malos. Regresa la "leyenda negra".
Yo, desde luego, no estoy de acuerdo en absoluto. De los cuatro incidentes mencionados, el que mejor conozco es el de la foto de los jugadores de baloncesto "achinados", que fue una completa exageración de la prensa angolsajona probablemente con el fin de minar la candidatura de Madrid 2016 a los JJOO y fortalecer, por ejemplo, la de Chicago. Los chinos no se sintieron en absoluto ofendidos por esa foto. Nadie en China solicitó a los españoles que pidieran perdón, ninguna asociación china se mostró ofendida. Los únicos aparentemente ofendidos eran los periodistas británicos y estadounidenses.
Respecto a los insultos en los estadios, bueno, me parecen mal, pero creo que se sacan un poco de quicio. A los estadios la gente va un poco a ser políticamente incorrecta en un mundo donde lo políticamente correcto se ha impuesto: insultan al árbitro, al juez de línea, y por qué no, a los jugadores rivales. Creo que en los sueldos ultramillonarios que reciben los jugadores está implicado que sufran los insultos de la hinchada rival, y se aguanten, porque el fútbol levanta pasiones, buenas y malas. Los blancos, los negros, y los que tienen la piel azul con topos rosas.
Por otra parte, hay que tener en cuenta la idiosincrasia del español: a los españoles les encanta chinchar al prójimo, diciendo cosas que no piensa realmente pero sabe que van a enfadar al otro. Este rasgo indiscutible de españolidad, que a mí la verdad me revienta un poco pero he de aceptar como nuestro, significa que la mayoría de los españoles que dicen cosas racistas en un estadio no piensan realmente lo que dicen, simplemente emiten ese rugido para molestar.
¿Se insulta más en las gradas de España que en otros lugares? No creo, la verdad: el inmortal -y neutral- John Carlin nos contaba hace poco lo que los hooligans ingleses gritan en los estadios de su país, y no me parece que en España se llegue a caer tan bajo.
En fin, resumiendo: no creo que los españoles seamos tan racistas como nos pintan en el extranjero, sobre todo la prensa anglosajona, que la verdad, consigue sacarme de quicio muchas, pero muchas veces, tanto cuando habla de España como de China, que son los lugares que conozco.
Sin embargo...
Sin embargo, creo que el hecho de que a los españoles nos hayan colgado el sambenito racista puede venirnos bien. Por ejemplo, a la hora de tratar a los chinos. Que no seamos racistas no significa que no haya mucho que mejorar a la hora de tratar otras gentes y otros mundos, porque la verdad es que somos un país que viene de ser bastante cerrado, y todavía se nota un poco.
Por ejemplo: en los comentarios de los lectores a las noticias que sobre China aparecen en los periódicos, o en el Menéame, hay a veces cosas que la libertad de expresión admite a duras penas: palabras que dirigidas a otros colectivos, como negros o musulmanes, no se admitirían, pero contra los chinos sí.
¿Por qué? Primero, porque los chinos no suelen responder: partidarios del "aguanta lo que puedas", dejan que estas palabras surjan en todos los foros. Sus asociaciones en España se dedican a hacer negocios, no a defenderse de ese tipo de ataques, así son ellos de prácticos. Segundo, porque los chinos todavía son "chistosos", es decir, todavía se pueden hacer chistes de chinos que no resultan socialmente incorrectos, mientras que los de negros, moros, gays o judíos ya no abundan tanto como hace 10 años. Meterse con los chinos en broma todavía está bien, con los otros colectivos lo estuvo pero ya se acabó.
Quizá la sociedad española tenga que replantearse esta distinción entre los chinos y el resto, porque no me parece justa. Los chinos llegaron a España para trabajar, y entre su colectivo abunda la gente honrada y tranquila, que no suele causar problemas a la comunidad. Los chinos mafiosos y sus reyertas, que aparecen en los diarios, son sólo una minoría. Tratar un poco mejor a esa comunidad tal vez sirva para que dejen de llamarnos, a los españoles, "racist people".
ACTUALIZACIÓN (18/10/2008): Justo es decir que en los comentarios de este post la mayoría de los lectores no opinan lo mismo que yo y aseguran que los españoles sí somos racistas. Para que lo tengáis en cuenta...
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