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Estoy disfrutando estos días de unas merecidas -y cuándo no lo son- vacaciones, que he comenzado en una ciudad poco habitual para irse de viaje: Cantón, que los chinos conocen con el nombre de Guangzhou.
Cantón, la tercera principal ciudad de China, no tiene la historia de Pekín, ni el glamour de Shanghai o Hong Kong, así que es poco habitual que nadie pase por ella por gusto. De todos modos, siempre me picó la curiosidad ver cómo era, así que pasé por allí, aunque sólo fuera por un día, y me di una vuelta a ver qué veía por sus calles.
Lo primero que me llamó la atención de la ciudad tal vez sea la cantidad de escalextrics que hay en sus calles: incluso paseando por el centro de la ciudad, es muy probable que los autos circulen a unos metros sobre ti. También hay muchos pasos elevados y subterráneos para peatones (aunque esto en Pekín también pasa). Todo esto le da a Cantón un aspecto poco atractivo, más bien el de una ciudad hecha para los coches y en la que los peatones apenas tienen espacio.

Quizá para compensar un poco este efecto, la ciudad tiene muchos árboles en sus avenidas, muchas zonas ajardinadas, y los pasos de peatones elevados son un florido vergel. Algo es algo...

Pekín es la historia, Shanghai el glamour, Cantón es el comercio. Se ven muchas tiendas en las calles, todo el mundo parece obsesionado por comprar y vender, y además se ve mucha gente ajetreada transportando mercancías de un lado a otro.

No es de extrañar, teniendo en cuenta que la provincia de Cantón -Guangdong para los chinos- tiene gran parte de las fábricas de productos de consumo chinos. Esas mercancías baratas que se venden a bajo precio en todo el mundo, las que se ven en los bazares chinos de tu barrio.

Una cosa que llama mucho la atención en Cantón es la cantidad de africanos que hay. Yo vi montones en el centro de la ciudad, aunque luego descubrí que todos se habían concentrado en aquel lugar porque habían ido a misa dominical, a la principal iglesia de Cantón.

Esa iglesia y algunas casas de la ciudad son parte de la herencia europea de Cantón, que fue colonia francesa e inglesa. Pero la mayoría de lo que queda de esa época está en un estado bastante lamenteibol.

Lo poco "colonial" que está restaurado se encuentra en una islita en el río Perla, la isla de Shamian. Como es la parte más chula de la ciudad, no podían faltar las parejas de novios y novias que van allí a hacerse las fotos de boda que todo matrimonio chino debe tener. En una tarde en la islita vi, y no exagero, 30 parejas vestidos de blanco, con su fotógrafo profesional haciéndoles el book de la boda.

Shamian está bien, pero a mí me gustaron más los vecindarios más "normales" de la ciudad, con alguna fachada con detalles dejados allí hace 100 años y ese caos que hace encantadoras a las callejuelas del sur de China.

Cantón tiene fama en el norte de ser una ciudad con mucha delincuencia. Yo creo que es todo un poco exagerado, una paranoia que se crean las gentes de otras ciudades para decir "estamos mucho mejor aquí que en Cantón" y así ser más felices. El caso es que en Cantón se toman muy en serio el tema de la lucha contra el crimen, y eso se nota sobre todo en la colocación de miles de cámaras para vigilar sus calles. Yo no las vi, pero sí que pude observar por doquier carteles que avisaban de que estábamos siendo vigilados.

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