Hace ya tiempo hablé del curioso uso ornamental que tienen las coles en China. A pesar de conocer ese uso, no dejó de sorprenderme el otro día ver que en el centro de una plaza del sur de China habían puesto la estatua de una col, para que todo el mundo la admirara. ¿Para qué poner reyes y personajes históricos en lo alto de un pedestal, pudiendo honrar en él a una hortaliza que produce flatulencias? El curioso monumento está en Foshan, aunque no es fácil descubrirlo, pues la plaza está algo escondida.
Cuando le comenté a un amigo lo curioso de la estatua, él me recordó que una de las piezas más famosas de la colección de arte que los emperadores guardaban en la Ciudad Prohibida era, precisamente, una miniatura de col fabricada en jade:
 Por lo visto en la figurilla hay hasta pulgones, pero yo no me fijé lo suficiente para verlos...
Esa pequeña col es hoy en día una de las piezas más famosas del Museo del Palacio, que muestra una pequeña parte de las obras de arte que había en la Ciudad Prohibida. El museo se encuentra en Taipei, y de hecho la col de jade es tan famosa, que la mascota del recinto es precisamente una hortaliza primorosa y con aires de HelloKitty:
 Bueno, los carteles del museo decían que es un repollo, pero a mí no me engañan, es una col china de las de toda la vida.
Otra pieza muy famosa del museo, que se exhibe muy cerca de la col, es una piedra medio esculpida, medio natural, que parece un trozo de cerdo guisado, con su brillo grasiento y todo. La verdad es que al verla en la vitrina daban ganas de llevar un martillo, romper el cristal y comerse el cacho de carne... Ahora entiendo que es eso del síndrome de Stendhal.
Éstas y otras 650.000 piezas (aunque no se muestran al público todas, ni mucho menos) forman el Museo de Palacio, considerado la mejor colección de arte chino del mundo y para muchos el principal atractivo turístico de Taiwán.
Supongo que ya sabréis que hace 70 años la colección fue llevada a la isla -después de una auténtica odisea por media China- por el Gobierno de la República de China, y en Taipei se quedó...
 El museo, que no está en el centro de Taipei como yo me figuraba, sino en un monte de las afueras. Ojalá que algún día la colección pueda regresar a la Ciudad Prohibida de Pekín, que es donde debe estar, aunque bien es verdad que gracias al forzado exilio esta colección se libró de la Revolución Cultural, una época en la que probablemente, de haber caído en manos de los guardias rojos, la col y el cerdo de pidera se habrían perdido para siempre.
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