 Tres años esplendorosos cumple hoy este blog, que se ha convertido ya en una de mis costumbres casi diarias, de la misma forma que lavarme los dientes, consultar la prensa por Internet o sacar a pasear al leopardo polar. Ya no estoy obsesionado con él (no me paso el día pensando en lo que voy a escribir ese día, como me ocurría al principio) y la gente ya no me habla del blog a todas horas, pero forma parte importante de mi vida, con sus lectores y comentaristas incluidos.
Si 2006 fue para Chinochano el año de la novedad y 2007 el de los premios, 2008, con China en primera página de los diarios mundiales casi todos los días, ha sido el año de las polémicas en el blog. Hubo tiempo para escribir cosas de culturilla, jocosidades y temas ligeros, pero los posts que realmente despertaron la participación y los debates más o menos apasionados eran aquellos en los que he tratado un tema pretendidamente serio, como las protestas tibetanas, o el boicot a los JJOO. En general ha estado bien recibir 50, 100 y hasta 200 comentarios en algunos posts peliagudos, aunque a veces se echa de menos el ambiente más relajado y ligero de los dos años anteriores (este año, con tanta pasión, a veces hasta tratando temas de lo más inocente acabamos sacando en los comentarios el eterno debate de si China es buena o mala).
Pero en fin, el blog va evolucionando a su manera, y es fruto de la actualidad, de los comentarios, de mi ánimo personal... Yo este año reconozco que no he estado tanto para bromas, y que ante cierta reacción mundial contra China -llamadas al boicot de Pekín 2008, maniqueízación del conflicto tibetano- me he sentido algo dolido y me he mantenido fuera de esa tendencia. Con ello me he ganado una injusta fama de "pro chino" que no es tal. Obviamente, siento simpatías hacia el lugar al que vivo, igual que me canso de algunas de sus cosas, como le pasa a cualquiera con su lugar de residencia. Yo no defiendo por sistema a China: simplemente reacciono y pongo contrapeso a los extremismos, y como este año a veces parecía que era obligatorio arremeter contra este país, yo intenté demostrar que las cosas se podían ver de otra manera.
No soy pro chino por naturaleza, sino pro moderación por naturaleza: si todo el mundo ahora se pusiera a elogiar a China y se olvidara de sus injusticias, yo las recordaría, porque lo bueno y lo malo conviven en China y la gente nunca debería olvidarse de ninguna de las dos partes.
Este post es un ejemplo de lo que ha pasado este año: es dificil estar al margen de la realidad y escribir cosas ligeras sobre China, ni siquiera en los cumpleaños... Añádele a eso un terremoto como el de Sichuan o los escándalos lácteos, y a veces resulta más que difícil echarse unas risas. En fin, menos mal que de vez en cuando quedan huecos para cantarle a Pekín.
Vamos a ver qué deparan los meses que vienen a China, a mí y a los que me rodean, para ver qué curso sigue el blog. Yo estoy en un momento anímicamente raro, pues había dicho durante años que a estas alturas de la vida ya no iba a estar en Pekín -siempre decía a todo el mundo que me volvería a España al acabar los JJOO- pero aquí sigo, sin plan ninguno de irme. La inercia, la crisis que ronda por ahí afuera y nos da ya algunos mordiscos, la fuerza de la costumbre, y por qué no decirlo, los bajos precios y la belleza de las orientales, me retienen de momento por aquí, y no sé ya exactamente durante cuánto tiempo.
Ahora ya no hay grandes acontecimimentos que sirvan de límite futuro... Así que, de momento, la retransmisión de Chinochano se prolonga indefinidamente, ya sea para polemizar, para relajarse, para mostrar China o para resguardarse de ella. De todo tiene que haber en la viña del señor.

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