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"La mejor forma de vengarse de un malvado es no parecerse a él". Proverbio ¿chino?
China, un país que por muchos años que pase aquí nunca dejará de sorprenderme -a veces en lo bueno, a veces en lo malo- acaba de lanzar hoy un órdago que nadie hubiera imaginado en un tema que ya se ha hecho famoso: las dichosas cabezas de rata y conejo subastadas por Christie's. Compradas por Yves Saint Laurent (DEP), vendidas por su compañero Pierre Bergé, y reclamadas por China por haber pertenecido al Antiguo Palacio de Verano de Pekín, saqueado por franceses e ingleses en 1860.
Mis contactos de la semana pasada con los servicios secretos chinos estaban muy mal informados, porque ninguno de los que me apuntaron como posibles compradores de las cabecitas de bronce de la discordia ha sido al final el verdadero. El comprador -bueno, lo de comprador es un decir- es un coleccionista chino llamado Cai Mingchao.
Cai: en Francia lo buscan por fraude,en China ya le están haciendo estatuas.
¿Sorprendente? Pues no. No es la primera vez que un chino compra obras chinas robadas en el extranjero. Pero lo inesperado ha venido después: Cai ha dicho en rueda de prensa, para que le oiga todo el mundo, que no piensa soltar un duro a la casa de subastas, y es más, el Gobierno chino, al enterarse de esta decisión, la ha aplaudido.
Lo único que se me ocurre decir ante esta jugada de ajedrez de China es... bravo. Los chinos han logrado lo que querían: detener la apuesta, al menos momentáneamente. ¿Qué pasará ahora? ¿Le darán las cabezas al segundo que más había ofrecido? ¿Las volverán a subastar?
A los chinos yo creo que en realidad le da lo mismo. Son sólo dos estatuillas de bronce, y en realidad ya han logrado lo que querían: que la noticia se agrande cual bola de nieve y que quede claro su mensaje: nos sentimos robados, y a los ladrones es legítimo timarles. Podrá verse como una jugada un poco infantil, e incluso fraudulenta, pero efectista lo es, y mucho.
El gran error en todo asunto creo que ha sido, y es cansino decirlo pero no por ello es mentira, lo poco que quiere conocer Occidente a China. Pero vamos a ver, hombres de dios, ¿a quién se le ocurre vender a bombo y platillo unas piezas que estaban en el Antiguo Palacio de Verano de Pekín? ¿Es que a nadie se le ha ocurrido investigar qué es ese palacio? No es un palacete cualquiera, es un símbolo para los chinos: tanto, que está en ruinas y así lo quieren dejar los chinos por siempre, pero no porque no lo puedan reconstruir, sino para que todos los que lo visiten recuerden el saqueo de Occidente a China en el siglo XIX. Subastar obras de allí con gran propaganda en los medios de comunicación -otras veces se hizo, pero con bastante más discreción- es darle a los chinos donde más les duele: en su patrioterismo, que puede que a nosotros nos cause risa pero existe. Sí, en efecto, los chinos son muy patrioteros y muy nacionalistas, y hasta que no los entendamos como son habrá roces con ellos siempre. He aquí las consecuencias... Hay que empezar a intentar evitar estos enfrentamientos tontos con China, porque El Arte de la Guerra lo escribió hace más de 2.000 años un chino. Y no habla sólo de conflictos bélicos...
Quizá uno de los grandes puntos de inflexión en este asunto lo causó Pierre Bergé, dueño de las cabezas que dan dolor de idem, quien dijo que le daría las piezas a China si mejoraba sus derechos humanos. Lo dijo una semana antes de la subasta. ¿Qué mejoras quería en ese tiempo, si es que decía en serio lo que salía de su boca? Y por regla de tres, ¿debemos por ejemplo dejar de entrar en el Museé d'Orsay hasta que Francia arregle los conflictos raciales en su colonia de Guadalupe? Defender los derechos humanos es bueno y muy loable, pero no se puede usar ese tema como excusa para cualquier cosa, porque el Gobierno chino lo considerará como lo que es: una razón de gato panza arriba para no plantearse el donar esas obras e intentar en cambio sacar dinero por ellas.
China no conseguirá finalmente que por ahora vuelvan al país esas cabezas -que por cierto, a mí me parecen bastante feas- pero ha logrado probablemente algo mejor: recordar al mundo que 10 millones de sus piezas de arte fueron robadas por ingleses, franceses, estadounidenses, rusos, japoneses y muchos otros en los siglos XIX y XX, y se muestran sin el permiso de China en el Metropolitan de Nueva York, en el Louvre, en el British Museum. China violará derechos humanos, eso nadie lo pone en duda y todos queremos que se acabe YA, pero esos museos alargan un delito de más de un siglo, más pequeño que las violaciones de derechos humanos, pero delito al fin y al cabo, y delito internacional. Las piezas expoliadas deben volver a China. Y las griegas, a Grecia. Y ya que estamos, las que tiene Lérida, ¡a Huesca, leñe!
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