NO estoy de acuerdo...
... en que la propaganda pro-china oculte el malestar social en el Tíbet. Cuando estuve en Lhasa y Labrang, en 2006 y 2007, comprobé que en esos lugares los chinos tenían las tiendas, los hoteles, los negocios, mientras que los tibetanos sólo tenían las tiendecillas de artesanía. Se repite el modelo colonial europeo en el Tíbet: los chinos son los grandes beneficiados en estar allí y los tibetanos ven que, aunque han mejorado, son mucho más pobres que su vecino el chino que llegó hace diez años. Con esa situación, es normal que haya conflicto.
... en que la propaganda pro-tibetana oculte todo lo que había en el Tíbet antes de 1951. Por ejemplo, que los chinos estaban allí desde el siglo XVIII, y que fueron los mismos chinos los que apoyaron al Dalai Lama para que ganara poder respecto a las otras ramas del budismo tibetano y se convirtiera en el protegido de Pekín. Los chinos no pudieron invadir el Tíbet en 1951, dado que ya lo habían invadido 300 años antes, y durante los siglos siguientes respetaron su cultura y su religión, en vez de imponer la suya como hicieron otras naciones conquistadoras. Cierto es que en la primera mitad del siglo XX el Tíbet quedó casi independiente, porque las tropas chinas estaban enfrascadas en la invasión japonesa, la guerra civil y demás. Pero eso no significa que los chinos concedieran nunca la independencia a los tibetanos. El Tíbet no es una conquista comunista, sino mucho más antigua. Los mapas de siglos anteriores hechos en China ponen al Tíbet como parte del imperio, y los taiwaneses del Kuomintang también alegan mayoritariamente que el Tíbet fue y es chino.
... en que la propaganda pro-china culpe a la prensa extranjera de mentir: Es cierto que algunos periodistas occidentales escriben con el corazón y no con la cabeza cuando hablan del Tíbet, pero decir que todos los periodistas mienten es insultar a una profesión que trabaja en China con grandes dificultades. Además, ¿cómo puede el Gobierno chino y sus afines acusar a los periodistas de que "no conocen la verdadera situación en el Tíbet" si les prohíben entrar en él, salvo en viajes organizados por ellos muy de tarde en tarde y sólo a los medios más famosos? Eso es mucha caradura.
... en que la propaganda pro-tibetana utilice la religión: religión y política han de ir siempre separados. Los tibetanos no deberían tener como líder político a un monje, que no sale de unas elecciones (la única elección que hay allí es cuando el niño debe elegir qué cuenco le pertenecía en su vida anterior). Tampoco deberían intentar captar a gente a favor de su causa en el extranjero usando grupos de yoga, terapias budistas y otros señuelos new-age. Sé que los tibetanos son un pueblo muy creyente, pero si no nos gusta el fanatismo de musulmanes, cristianos o judíos, tampoco deberá gustarnos el de los budistas.
... en que la propaganda pro-china no asuma los errores cometidos en el pasado: las matanzas de monjes durante la Revolución Cultural, los templos arrasados... ¡Qué poco se escribe de eso en los artículos publicados en China! (Por no decir que nada). Si el Gobierno chino niega esos hechos, nunca va a tener respeto entre los tibetanos. Si quieres ganarte su corazón, Pekín, pídeles perdón.
... en que la propaganda pro-tibetana no asuma los errores cometidos en el pasado: es increíble cómo insisten siempre en que son pacifistas, cuando muchas de sus rebeliones (1959, 2008) se vieron acompañadas de asesinatos a civiles chinos. Que el número de esos muertos sea menor que el de los muertos tibetanos no debe ser excusa para tenerlos completamente olvidados.
... en que la propaganda pro-china utilice palabras como "esclavismo" o "servidumbre" para referirse a lo que el Dalai Lama hacía antes de 1951 en el Tíbet: el Dalai era un adolescente entonces, sin capacidad para decidir nada. No lo puedes acusar de una situación que él no había creado. Bueno, vale, su vida anterior la había creado, pero... en fin, seamos serios...
... en que el Dalai utilice palabras como "genocidio cultural" o "infierno en la Tierra" para referirse a la situación actual del Tíbet. ¡Madre mía, parece que el Dalai aprendió a exagerar de sus enemigos!
Espero que quede claro con lo anterior mi posición. Me opongo a todos, por radicales, por mentirosos, y por violentos. Con sus propagandas, esto va abocado al desastre, y los que sufrirán por ello serán los civiles tibetanos y chinos, como de costumbre.
Dicho lo cual, confío en que nadie más me acuse directa o indirectamente de "tener lavado el cerebro por Pekín" ni de "ser un sinófobo". Soy periodista, bloguero, observador lo más neutral que me permite el cerebro, y me lo he pasado muy bien viajando tanto al Tíbet como a Shanghai.
Podéis opinar en la sección de comentarios. Os pido moderación...
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