 La semana pasada apareció en las noticias un suceso al que no se le ha dado mucha importancia, pero que a mí me tiene preocupado. Según lo que nos contaron los informativos, los habitantes de dos pueblos de la lejana isla china de Hainan, tras varios días de tensiones que habían empezado con una pelea de adolescentes de las dos localidades, se liaron a navajazos, un incidente en el que falleció una persona y resultaron heridas otras 13.
Lo que más me llamó la atención es que, según relataban las noticias, los vecinos de los dos pueblos, que se llaman Baoshang y Gancheng, se llevan muy mal por una disputa de tierras que empezó ¡hace 80 años! Un pique más antiguo que la propia República Popular China.
La pelea lo ha resistido todo: las guerras, la invasión japonesa, la llegada del comunismo, la Revolución Cultural, el capitalismo salvaje... ¡Ellos siguen cabreados como en 1929! Y mucho, como se pudo ver la semana pasada.
Las noticias sobre el tema han sido muy breves, así que nadie ha querido ahondar demasiado en ese enfado octogenario, sólo cuentan que el último episodio se inició porque los chicos de Baoshang eran maltratados en el colegio de Gancheng, al que van a estudiar, por los alumnos locales. Me parece fatal, pero ¿qué ha pasado en 80 años para que las cosas sigan así? ¿No se podría haber arreglado ya la disputa?
 Y con esas playas que tienen al lado, ¿no les da pereza pelearse?
Y ya poniéndonos en plan literario: si un día un chico de Baosheng se enamora de una de Gancheng, ¿deberán llevar la relación en secreto? ¿Se verán por la noche, en el balcón, a la luz de la luna, y luego el chico de Baosheng matará al novio de la hermana de la chica de Gancheng, para liar más las cosas? ¿Acabará todo tan mal como en un drama shakesperiano?
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